Por Manuel Hernández Villeta.

Pocas veces en la historia de la humanidad ha surgido un instante en que el hombre sea libre, que no tenga ataduras y que nadie le imponga su camino a seguir. El hombre ha sido el devorador de sus congéneres. Es el que le quita la vida, la propiedad y el derecho a opinar.

Y a pesar de la opresión, desde Espartaco hasta hoy hombres y mujeres se han levantado reclamando su libertad. Su derecho a creer en lo que le dicte su conciencia. La considerada madre de todas las revoluciones, la Revolución Francesa, proclamó que todos los hombres son iguales, sin importar su posición social, el color de su piel o la devoción de su pensamiento.

Fue una revolución que se marchitó sin lograr sus objetivos. Los hombres se mataron entre sí, cercenando la libertad que exhibían y se volvió al militarismo, la monarquía, y las conquistas en tierras extrañas, con un papel de autoridad desbocada para esclavizar a otros hombres.

Hoy más que nunca tiene que ser permanente la lucha por la libertad, porque en cada esquina, en cada suspiro, hay amenazas en contra del derecho de hombres y mujeres a vivir plenamente su destino. Hoy se cercena la libertad física y la intangible, pera también se acalla el pensamiento, se convierte a un hombre en esclavo sin grilletes, mediante el cerco económico, donde muchos venden su libertad a cambio de un plato de comida.

Hablar de los derechos humanos es plantear la libertad. Hoy saludo un nuevo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. "La libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana".

"El desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad. Se ha proclamado como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias".

"Es esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión".

Nadie podrá impedir que te levantes y grites que quieres ser libre, aún y sea ensangrentando las calles, mientras sostienes la tea que alumbrará el camino para que otros sigan por la senda de la victoria. ¡Ay!, se me acabó la tinta.