Por Narciso Isa Conde

El debate sobre la pertinencia o no, la necesidad o no, de un proceso constituyente se ha iniciado.

Esto no es casual ni antojadizo, sino que brota del descontento y las movilizaciones contestatarias que han generado las características del poder constituido.

Características del Poder Constituido.

Es hoy irrebatible que el poder imperante en República Dominicana es una dictadura constitucional, con todas las instituciones controladas desde la Presidencia de la República y desde el Comité Político del partido de gobierno, ambos asociados a casi todas las mafias políticas, militares y empresariales.

Es, en consecuencia, una dictadura mafiosa, negadora de la democracia en general y de la democracia electoral en particular.

Con un gobierno corrupto, corruptor y tramposo, instrumentador de fraudes electorales escandalosos y mecanismos de corrupción e impunidad debidamente articulados y blindados en la esfera judicial.

Con un sistema de partidos putrefacto.

Este régimen político, las instituciones por él controladas y la enorme corrupción que las impregna -además de agravar hasta lo insoportable y agobiante los problemas sociales y económicos del capitalismo dominicano neoliberalmente recolonizado (salud, seguridad social, alimentación, endeudamiento, régimen salarial y de pensiones, educación, contaminación y destrucción ambiental, seguridad ciudadana, violencia de género, racismo...)- ha bloqueado las reformas y demandas progresivas, obstruido la salida institucional y/o electoral a la crisis y la posibilidad de castigar los delitos de Estado y los delitos comunes cometidos por personas con dinero o influencias políticas.

Estas instituciones están montadas sobre la Constitución del 2010, diseñada a su medida por Leonel Fernández y la cúpula del PLD: neoliberal, privatizadora, autoritaria, racista, negadora del derecho de la mujer sobre su cuerpo, concentradora de todo el poder institucional en la Presidencia de la República y el Senado.

Impera, además un mecanismo de reforma constitucional cerrado, que le otorga el poder de reformar la Constitución exclusivamente al Congreso mafioso en su rol de Asamblea Revisora de la Carta Magna.

Que, en consecuencia, niega "la Constituyente tanto como proceso de transformación política de la sociedad, donde la forma de Estado en decadencia, es sustituida por otra", como también como "expresión legislativa del Poder originario del Pueblo, ejercido soberanamente". (Definiciones contenidas en el libro del intelectual y luchador venezolano Yldefonso Finol "TIEMPOS DE CONSTITUYENTE", impreso en Venezuela 1998).

Estas son razones más que poderosas para plantear la necesidad de una Constituyente que elabore o construya una nueva Constitución, y no simplemente "reformas" o "cambios" constitucionales en el marco de esta institucionalidad pervertida.

Componentes del proceso constituyente.

Esto determina que para ponerle fin a la corrupción y a la impunidad, y a todos los males acumulados y en crecimiento, hay que ponerle fin a este gobierno, a esta dictadura y a esta institucionalidad cerrada, pervertida y en decadencia; lo que no puede hacerse a través de estas instituciones y del sistema electoral vigente, algo mucho más evidenciado en las últimas décadas; lo que exige un proceso constituyente para sustituir los poderes constituidos por otros nacidos de la Soberanía Popular.

Se necesita, por tanto, una ruptura de la actual institucionalidad, comenzando por echar abajo al gobierno imperante, cabeza de la dictadura constitucional mafiosa y dar paso así a una transición hacia una nueva Constitución y una nueva institucionalidad, facilitada por un gobierno provisional de corta duración, comprometido con la realización de una ASAMBLEA COSTITUYENTE SOBERANA que corone el proceso constituyente.

Al cerrarse dentro de esta institucionalidad dictatorial la vía de los cambios estructurales para reconstituir el Estado y la República y sacar al país de este lodazal putrefacto, la democracia hay que ejercerla en la calle, con una oleada de manifestaciones, desobediencia civil, resistencia, ofensivas de masas y paralizaciones que posibiliten crear una crisis de gobernabilidad, obligar a dimitir al Presidente y a su gobierno y hacer colapsar las instituciones bajo el control del clan dominante-gobernante.

Marcha Verde ha encarnado una línea ascendente de movilización contra el sistema de corrupción e impunidad que ya comienza -todavía débilmente y con muchas obstrucciones- a enfrentar el poder central representado por el Presidente Medina y su claque, y a debatir la necesidad de las transformaciones estructurales que permitan reemplazar las instituciones vigentes.

Pero ese avance se queda corto.

Conformar el poder constituyente: un salto de calidad.

La clave para un salto en calidad transformadora está en contribuir desde su dinámica interna y hacia la sociedad, hacia el pueblo verde donde está su gran fuerza, a la conversión del pueblo movilizado y en lucha, en poder constituyente.

Sin poder constituyente no se puede culminar el proceso constituyente. No se lograría la ruptura del Estado en dirección a la Asamblea Constituyente Soberana, Participativa y Popular y hacia la nueva Constitución, que inspirada en la de 1963, esté llamada a culminar el proceso de refundación del Estado y la sociedad. Las nuevas elecciones serán precisadas en la nueva constitución.

Constituyente es lo que constituye, lo que tiene capacidad de constituir, y el poder constituyente se crea cuando el pueblo en lucha asume la conciencia de su soberanía y de su poder para revocar el poder constituido (podrido e ilegitimo) y crear lo nuevo, el país a que aspira.

Ese es el desafío actual de los sectores más avanzados y conscientes en la lucha por el fin de la corrupción y la impunidad: contribuir al proceso de toma de conciencia colectiva, de organización popular y contundencia de las movilizaciones, resistencias y paralizaciones que permitan conformar un poder constituyente de masas.

El poder constituyente es un poder paralelo del pueblo indignado y movilizado con metas transformadoras tan precisas como las ya señaladas, y otras a debatir y construir. De su nivel de conciencia y poder de cambio, de sus banderas, dependerá la destitución del Gobierno y el Estado existentes, el carácter participativo de la convocatoria y la dinámica de la Asamblea Constituyente y de los contenidos más o menos profundos de la nueva Constitución; siempre relacionado con la correlación de fuerzas entre los actores sociales, políticos y culturales del cambio.

El proceso constituyente es poder constituyente, ruptura institucional, asamblea constituyente, nueva constitución, nuevas elecciones y nueva institucionalidad.