EL TIRO RAPIDO

En lo que va del presente año, la Procuraduría General de la República ha registrado más de cincuenta y cinco mil denuncias de mujeres agredidas por sus parejas o ex parejas. Los actos de violencia adquieren diversas formas: desde la del maltrato verbal hasta alcanzar la física. Esa violencia es casi siempre la que sirve de preámbulo a su forma más extrema, dolorosa e irreparable que es el feminicidio.

Sin embargo, la cifra dada a conocer por el Procurador General en el inicio del Seminario sobre "Mejores Prácticas en la Lucha contra la Violencia de Género", efectuado este pasado martes, puede darse por seguro que no representa ni refleja el alcance del problema. Como ejemplo, baste recordar que el propio Procurador, días antes, reveló que en el ochenta por ciento de los casos de feminicidio, las víctimas no habían presentado queja previamente ni requerido la protección de las autoridades. Sin temor a error, puede afirmarse que la cantidad de casos de abuso de género es muy superior a la de que se denuncia a las autoridades. Baste recordar que en más de un cincuenta y cinco por ciento de los hogares del país está presente la violencia intra-familiar.

De acuerdo a los resultados del informe que acaba de dar a conocer las Naciones Unidas, la América Latina y en especial el Caribe, constituye la región más violenta del mundo contra las mujeres. El estudio del organismo mundial revela que tres de los diez países con las tasas más elevadas de violaciones de mujeres y adolescentes, pertenecen al área caribeña.

De manera específica se menciona el llamado Triángulo Norte integrado por Honduras, El Salvador y Guatemala, donde conjuntamente con México la violencia contra la mujer se ha convertido en una crisis severa. No es pues un fenómeno singular que solo afecta a la República Dominicana, lo que en modo alguno excusa ni atenúa el problema en la parte que nos atañe de manera directa.

Recientemente, el Procurador General de la República anunció un vasto programa de 22 puntos encaminados a prevenir, combatir, someter y aplicar las más fuertes sanciones a quienes perpetren agresiones de género, que debe considerarse y penalizarse como delito mayor.

La lucha contra la violencia ejercida sobre las mujeres debe ser asumida como un imperativo urgente y de primer orden. No será una tarea fácil. De por medio, como pesado lastre, subyace una cultura heredada donde prevalece el papel preponderante del hombre como amor y señor y el de la mujer sometida a un estado de sumisión. Tal como acaba de señalar el secretario general de la ONU, Antonio Guterrez, superar ese errado y pernicioso concepto, solo será posible el día que se logre el ideal de la igualdad de género, la mujer quede debidamente empoderada de sus derechos y los hombres, del pleno respeto de los mismos.

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