Por Manuel Hernández Villeta

Charles Manson no pasó de ser un aborto de la naturaleza. Una carne de presidio y macabro ejecutor de crímenes y asesinatos. Hijo de una drogadicta y prostituta adolescente, sin padre conocido y violando la ley a la edad de 14 años. Con el asesinato de la actriz Sharon Tate se convierte en uno de los asesinos en serie más despiadados de los Estados Unidos, y en un negativo fenómeno de atracción para la televisión, los periódicos y las grandes revistas de su época.

En verdad Manson era un degenerado y desequilibrado con deseos de saborear sangre, pero su grotesca figura fue utilizada para ser el sepulturero de la juventud contestaria de los años 60, la que en los Estados Unidos se opuso a la guerra de Vietnam, y la que en Europa llevó al retiro a Charles de Gaulle con manifestaciones que terminaron en una huelga general de más de ocho millones de obreros en el 1968.

Creo que sin la rebeldía con causa de la juventud norteamericana de la década del 60, Charles Manson no habría pasado de ser un asesino que primero fue condenado a la muerte, y que por razones legales se le cambió la pena a cadena perpetua. Su figura repulsiva se utilizó para desacreditar a los movimientos de protesta, y dar la impresión de que los adolescentes en las calles eran asesinos, drogadictos y sinvergüenzas.

Los diez años centrales de la invasión norteamericana en Vietnam, desde el 1963 hasta el 1973 constituyeron la etapa más negra y trágica vivida por los Estados Unidos. Miles de jóvenes murieron en el sudeste asiático, sin saber porque estaban allí. Los adolescentes en edad de hacer el servicio militar obligatorio quemaban las citas para enrolarse. El seis de marzo de 1965 una mujer de 82 años, Alicia Hertz, se prendió fuego y murió en protesta contra la guerra. Posteriormente le siguieron ocho personas más que murieron al utilizar el fuego para quemar sus cuerpos, pidiendo el fin de la intervención de Vietnam.

En el año 1969 se produjo la manifestación antibelicistas más grande de la historia norteamericana, con los jóvenes frente al Pentágono lanzando rosas rojas, y colocándolas en los cañones de los fusiles de la Policía Militar. Luego vino el principio del fin, "El Verano del Amor", el surgimiento de los Hippies como movimiento de protesta en la contra cultura de las drogas y la violencia sin causa.

En sus inicios, los Hippies fue un movimiento juvenil que tuvo lugar en los últimos años de la década de 1960 y que se caracterizó por la anarquía no violenta, la preocupación por el medio ambiente y el rechazo al materialismo occidental. Los hippies formaron una contracultura políticamente atrevida y antibelicista, que terminó en el infierno de las drogas.

Mientras que en Francia se encendió la mecha de la protesta que puso al borde del estallido a toda Europa. Mayo del 1968, las grandes movilizaciones juveniles francesas, que terminaron con el apoyo de los trabajadores y una huelga que de acuerdo a los estimados históricos paralizó a más de ocho millones de obreros.

En medio de esa gran convulsión social de la juventud mundial, ocurren dos noches de sangre y muerte protagonizadas por un asesino enloquecido, un don nadie de la multitud. El 8 de agosto de 1969 Charles Manson asesina a un grupo de personas, donde la más conocida era Sharon Tate, actriz de renombre y esposa del director cinematográfico Roman Polansky.

La siniestra figura de Manson fue utilizada de forma aviesa para encajarlo como el líder representante de la contracultura de los 60, lo cual no era cierto. La juventud y sus protestas tuvieron un papel estelar en obligar a las negociaciones de paz y sacar a los Estados Unidos de la Guerra de Vietnam.

Para contrarrestar las protestas juveniles, el sistema convirtió a Manson en portada de las grandes revistas, imagen de los noticiarios estelares de la televisión y primera página de los periódicos. Se le vendía como el asesino despiadado, pero se falseaba la realidad al presentarlo como cara visible de la juventud de los sesenta.

La juventud con causa fue sepultada en medio de las drogas y la depredación sexual. Se le mató dos veces: retornó sin gloria desde Vietnam en cajas de hoja de lata tapadas con la bandera norteamericana, y se le abrió las puertas del infierno con la LSD. El Vietnam de guerra es historia, pero las heridas de la intervención militar quedaron por siempre en el corazón y la conciencia de la destruida juventud norteamericana de los 60.

Aislado en prisión, Charlie Manson fue utilizado como el sepulturero de la contra cultura de la protesta. Víctima de sus pecados, excesos y manipulaciones, murió la juventud con causa, y la crónica roja-política levantó la leyenda de un despiadado asesino. ¡Ay!, se me acabó la tinta.