Por Manuel Hernández Villeta

En verdad la falta de institucionalidad del país mueve a risas, para no llorar. El presidente de la Suprema Corte de Justicia dice que el aumento que el ejecutivo le hizo a ese sector en el Presupuesto del venidero año, no da ni para comer arroz y habichuelas. Esa misma sensibilidad la deben tener los funcionarios con sueldos lujosos, cuando pasan revista al alto costo de la vida.

Los dominicanos nos estamos muriendo de hambre. Necesidades que el salario mínimo no puede compensar. La canasta popular ronda los 35 mil pesos mensuales. La mayor parte de los salarios están por debajo de los doce mil pesos. Nadie se imagina como una familia puede conseguir su diaria alimentación.

Talvez los resultados se puedan ver en los hospitales públicos, donde a diario hay filas interminables de pacientes padeciendo anemia y otras dolencias relacionadas con la poca calidad de la alimentación que ingieren.

Todos los años aumenta el monto del Presupuesto. Hay secretarías que reciben aumentos escalonados, pero nunca sus responsables lucen complacidos. Lo que se necesita es una mejor gerencia para aplicar los recursos a una etapa de crisis. La justicia es un renglón que debe florecer y recibir ayuda, pero también tiene que recortar su burocracia.

En la administración pública la mayoría de los salarios están deprimidos, todavía hay mínimo de siete mil pesos. Un puñado llega a ganar cien mil, doscientos mil y más, son los privilegiados de ocasión. Hoy de lo que se trata es que el bienestar llegue a todos los dominicanos, y que se acaben los privilegios.

La culpa tiene que ser compartida entre algunos funcionarios y el sector empresarial. Los inversionistas solo se preocupan de los beneficios que obtienen y lo demás no les importa. Ese es un mal camino. Tiene que haber una carga de conciencia y el deseo de buscar soluciones a los males comunitarios.

Si el presupuesto aumenta, no todo debe ser para pagar salarios. Hay una parte considerable de la población que no trabaja, está en ventas informales o en el sector privado. El Presupuesto debe tener una carga de sintonía popular. Hay que pensar en los de a pie, que son mayoría y tienen fuerzas para decidir en los torneos electorales.

No importa si hay más asignación presupuestal en las áreas de salud, educación, obras públicas, justicia y agricultura. Los trascendental es que cuando un necesitado acude a cualquiera de esas áreas oficiales encuentre por lo menos un buen trato.

Los cargos públicos son pasajeros, pasan como es arrastrado un papel por el viento. Lo importante son las obras que quedan, ellas nunca podrán ser borradas ni olvidadas. Los que solo piensan en el color del traje a ponerse cada día, o el cilindraje de la yipeta, pasaran sin dejar rastros ni luces. Personajes que a su debido tiempo el viento se los llevará. ¡Ay!, se me acabó la tinta.