Por Manuel Hernández Villeta

Cuando el capitalismo tiene piel de lagarto, es insensible y no deja ver un rostro humano, cierra el camino de la buena convivencia, y la senda se torna buena para acumulación de riquezas, pero pésima para vivir.

La confluencia de la paz y la concertación parte de que haya un pacto de subsistencia entre capitalistas y obreros/campesinos. No es una vieja cartilla de un marxismo trasnochado, sino una dura realidad. No puede haber paz permanente donde la miseria crece cada día, y la riqueza se centra en pocas manos.

El gobierno de una clase dominante es una realidad. Manda el que tiene el capital, el que paga por la mano de obra o la creación intelectual. Es la senda del que lo tiene todo. En una ocasión se pensó en el gobierno de una clase, del proletario urbano o rural, pero se quedó en la utopía. Hoy hay la clase mandante del capital.

El Papa Francisco, representante de la secta religiosa mayoritaria en el mundo occidental, plantea también que el capitalismo debe tener un rostro humano. Es contra una mezcla de dureza de parte del que tiene que dar, porque lo tiene todo.

El mundo de hoy es globalizado y fortalecido con las ideas. Cuando se cierra el camino al reparto humano de las riquezas, se va camino al despeñadero. La ambición más grande del hombre ha estado enmarcado en un régimen de derecho donde se respete la vida, la libertad, el libre albedrio y la convivencia pacífica.

La historia esta plagada de hacia dónde se va cuando se golpea a los que son mayoría pero que se encuentran bajo el yugo de la explotación total. Cuando el capital dominicana presenta una cara humana hay que aplaudirlo. Es una muestra de que si se trabaja puede haber un mundo mejor.

El Estado debe ser el principal responsable de que se mejoren las condiciones de vida de la población. Tiene que garantizar educación, salud, seguridad pública, viviendas, servicios sociales y mantener en alto la fe en el futuro.

Pero el capitalista, el dueño del dinero, de la propiedad y de la subsistencia, el patrón, tiene que cumplir con su labor social. Estar de espaldas a los graves problemas de la sociedad es vivir en un burbuja de aislamiento, y no sentir los latidos de sus vecinos sumergidos en la miseria.

El empresario tiene que mejorar los salarios de sus empleados, preparar programas de incentivos para la educación, ofrecerles buenos seguros de asistencia médica y ayudar en los planes de viviendas. Estar dando de lado a los reclamos de la población en general es malo para el sector oficial, pero también es una canallada si lo hace el empresario.

La paz se inscribe en el marco de las conquistas sociales. La justa distribución de las riquezas es una necesidad. No se trata del proletario al poder, sino que los sectores mediáticos comprendan que no se puede exudar riquezas en un cementerio de gente viva. Es mejor facilitar conquistas sociales para mantener la concertación, y ver en los viejos libros de texto la libertad, igualdad y fraternidad que costó tanta sangre a la revolución francesa, pero que nunca se ha cumplido. Sigue siendo una esperanza que no descansa en un pedestal firme. ¡Ay!, se me acabo la tinta.