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Por Erick Barinas

Juan Pablo Duarte no fue un místico, un ser celestial y perfecto, como lo describe Joaquín Balaguer en "El Cristo de la Libertad", pero sí ha sido el personaje nacido en esta tierra que luchó más abnegada y desinteresadamente por la fundación de una República Dominicana independiente, soberana y libre de toda potencia extranjera.

No fue Juan Pablo Duarte un mártir, ni un guerrero con las destrezas militares de un Gregorio Luperón o un Antonio Duvergé, incluso de un Pedro Santana, pero si fue el líder que supo organizar exitosamente el movimiento político que finalmente libró a nuestro pueblo del yugo de la dominación haitiana y nos hizo una nación libre, soberana e independiente.

No obstante no ser propiamente un militar, sino más bien un ideólogo, organizador, estratega y pensador político, Duarte confrontó al líder militar que encabezó las tropas dominicanas en la Batalla del 19 de marzo, Pedro Santana, por haberse replegado en Baní y no perseguir las huestes haitanas luego del triunfo dominicano en dicho encuentro bélico.

Duarte fue quien persistió en todo momento en la idea de la independencia pura y simple, oponiéndose primero a los planes de un protectorado, y posteriormente a la traición de Santana perpetrada el 18 de marzo de 1861, mediante la cual anexó la república a España.

Asimismo, Duarte constituye un ejemplo permanente e inmarcesible de honestidad y patriotismo, sin parangón en la historia nacional, prueba de lo cuál es la memorable carta del 12 de abril de 1844, mediante la cual rinde cuentas de los mil pesos que recibió para los gastos militares de las tropas que encabezó en Baní, detallando cada centavo gastado y devolviendo el dinero sobrante

Todos sus méritos patrióticos, personales y políticos, le fueron reconocidos en su época por los demás próceres importantes de la independencia, sobre todo por Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, quienes sin dobleces reconocieron como líder y Padre de la Patria al fundador de la Trinitaria y de la Filantrópica.

La figura del Padre de la Patria, si bien ha tenido algunos detractores y críticos, con el paso de los años su grandeza histórica, su ejemplo de vida, sus sacrificios y desvelos, su enorme vocación patriótica y cívica, también ha sido reconocida por los más eminentes y reconocidos historiadores e intelectuales dominicanos.

Duarte, al ser develado el movimiento independentista, fue perseguido por el gobierno haitiano, obligándole a exiliarse para preservar su vida, y a Sánchez a simular su muerte y a esconderse por un tiempo.

La documentación histórica refiere que el Padre de la Patria continuó sus esfuerzos desde el exilio para obtener ayuda económica y apoyo de países amigos para lograr la independencia nacional.

Sin embargo, una vez proclamada la independencia el 27 de febrero de 1844 y proclamado Juan Pablo Duarte como "Padre de la Patria" por sus conciudadanos, al poco tiempo aquel prócer de nuestra libertad y nacionalidad padeció el sabor de la ingratitud cuando la ambición de Pedro Santana lo llevó a declarar a los trinitarios "traidores a la patria", decretando su exilio de por vida.

Así fue correspondido por Santana y su camarilla el hombre que había entregado su juventud, sus esfuerzos y desvelos, su patrimonio y parte del de su familia, su bienestar y su vida, a la causa de la libertad y de la independencia del pueblo dominicano.

Es probable que, movido por semejante ingratitud y desconsideración, de su ingenio saliera la célebre frase que reza: "Sed justos lo primero, si queréis ser felices. Ese es el primer deber del hombre; y ser unidos, y así apagaréis la tea de la discordia y venceréis a vuestros enemigos, y la patria será libre y salva. Yo obtendré la mayor recompensa, la única a que aspiro, al veros libres, felices, independientes y tranquilos."

El legado de Juan Pablo Duarte es inmenso, incuestionable y perenne. No sólo nos legó su ejemplo de lucha en favor de la independencia y la soberanía dominicana, su incuestionable honestidad y honradez, su acrisado valor y su enorme estatura moral. Nos legó su fecundo ideario, integrado por poesías y valiosos pensamientos filosóficos, políticos y morales. Nos legó su indiscutible vocación de sacrificio y de servicio desinteresado por la Patria. Nos legó la Patria misma.