Manuel Díaz Aponte

Las recientes tragedias naturales registradas entre el norte y sur del Continente Americano reflejan la triste realidad de un mundo desigual y de contrastes.

Un espacio social preñado de precariedades económicas donde millares de ciudadanos no tienen ni siquiera un colchón para descansar sus espaldas.

Las embestidas de un huracán o un temblor de tierra no solo ponen de rodillas a muchos de nuestros países dejando secuelas de destrucciones y traumas entre la población, sino que por igual ponen de manifiesto el descuido e irresponsabilidad de las autoridades.

Las redes sociales vienen recreando esas calamidades en ocasiones falseando datos e inventando historias sin ninguna fuente de sustentación.

Es una especie de morbosidad colectiva la que envuelve a algunos cibernautas que juegan con la dignidad y tragedia humana, colocando en portales digitales fotos, mapas y relatos falsos y hasta extrapolados con el propósito de impactar y atemorizar a las gentes.

La fuerza de la naturaleza es mucho más poderosa que el imaginario e inteligencia humana a tal punto de destruir en segundos aquellos que nos cuesta años levantar.

Entre los huracanes más poderosos de los últimos 25 años que han impactado sobre las poblaciones del Pacífico y el Caribe, están, Gordon; Pauline, Georges, Mitrch, Jeanne, Katrina, Stan, Félix, Manuel, Irma y María. Hay que agregar las tormentas y los terremotos que secuencialmente han provocado muertes, destrucciones y millones de dólares en pérdidas.

Indigna el comportamiento deshumanizado de algunos ciudadanos que recurren al tremendismo y engaño para confundir a la colectividad.

Hay que poner mayores controles en los mensajes manipuladores colocados en Facebook o Instagram porque podrían generar una histeria colectiva.

El cuadro desolador en que viven actualmente millones de seres humanos de México; La Florida, Puerto Rico, Saint Martin, Dominica, Saint Thomas, Barbudas, República Dominicana y las Islas Vírgenes Americanas y Británicas es desgarrador.

La realidad virtual en que vivimos parecería que no tiene límites, lo que representa un serio reto para las presentes y futuras generaciones.

Hemorragia Desinformativa

No todo se debe difundir a través de un medio de comunicación masiva porque sus efectos suelen ser devastadores. Por supuesto, primeramente debemos confirmar nuestras fuentes.

Nadie tiene derecho a llevar confusión, intranquilidad y desasosiego a las familias que merecen vivir en un ambiente de paz, armonía y tranquilidad.

¿Cuál línea roja debemos evitar cruzar en el inmenso mundo digital?

No se trata de simplemente exponerse sino de medir las consecuencias de nuestras acciones.

Pero hoy en día prácticamente todo sale a relucir en algunas ocasiones de manera temeraria y en otras provocativamente bien deliberada.

¿Qué sería del mundo actual si no existieran las redes sociales? En verdad, representan el espacio más amplio, plural y democratizador surgido en la sociedad contemporánea a tal extremo de suplantar de un plumazo la dictadura de la censura y de la exclusión del debate.

Tan inclusiva ha sido esta plataforma tecnológica en el siglo 21 que un individuo desde cualquier rincón del planeta proyecta y publica textos y fotos donde comunica que está poniendo fin a su vida y hasta los terroristas anticipan sus macabras y crueles acciones a través de ellas.

El imaginario y creatividad que la caracterizan tiene por sí sola una densa penetración en el subconsciente humano, capaz de transformar el pensamiento y hasta las actitudes sobre lo que buscamos construir.

Ya es habitual inventar historietas fantasmagóricas con el interés primario de impactar, confundir, chantajear, manipular y dirigir un determinado conglomerado social.

Esto ha obligado a los creadores de Facebook a fijar controles y hasta eliminar los contenidos falsos, injuriosos y de dudosa procedencia.

La privacidad ha sido en gran medida suplantada porque muchas gentes-con cierta ingenuidad-se desnudan por completo a través de la Internet exponiendo narraciones que sólo a ellos les compete y les pertenece.

¿...Y nuestra privacidad?

Por lógica, no todos los textos y fotos deben ser subidos a las Redes Sociales porque no se trata de un festival de exhibicionismo.

Ello lamentablemente, ha conducido a que algunos jóvenes pierdan la vida por anticipar previamente lo que se proponen hacer por ejemplo a través de un depósito bancario o algún encuentro amoroso que envuelve a una tercera persona.

Las Redes Sociales significan además, un espacio de desahogo; denuncias, figureos, promociones, alardes, incoherencia, fantocherías, ilusiones, espejismos, frustraciones y vanidades.

Pero también de doble moral, engaños, maldades, perversidades, individualismos, mentiras e inconsistencias.

Hay por supuesto, excelentes contenidos de reportajes y documentaciones sobre historia, salud, medio ambiente, deportes, aspectos sociales y denuncias.

Muchos jóvenes han encontrado allí el amor de sus vidas para incluso formar una familia; otros para alcanzar un empleo, una beca de estudios, tratamiento para una enfermedad o simplemente las herramientas para emprender un buen negocio.

La fuente es el elemento que determina la real veracidad de un determinado contenido expuesto en las redes sociales.

El liderato político, intelectual, académico, económico, cultural y social a nivel mundial tiene en esa plataforma un magnifico aliado por su extraordinario poder de convocatoria y aceptación entre la ciudadanía, especialmente los jóvenes.

Artículo de Manuel Díaz Aponte

Viernes, 22 de septiembre del 2017