Por Manuel Hernández Villeta

El caos y la anarquía no pueden seguir en el sistema educativo nacional. Hay responsabilidad de la crisis por parte del Ministerio de Educación y de la Asociación Dominicana de Profesores. Es intolerable que esté naufragando el presente año escolar.

Est4e será un año perdido, con los desastres de la naturaleza que obligan a suspender la docencia, y con los paros escalonados de los profesores. Podría haber tiempo de salvar algo, pero se necesita fumar la pipa de la paz.

Fue una torpeza del Ministro de Educación proceder a bloquear los salarios mensuales de cientos de profesores. No tiene la fuerza ni el poder para hacer cumplir sus reglamentos. El gremio profesoral luce demasiado fuerte para doblar el pulso a un ministro que no es un profesor profesional.

El diálogo y la concertación se imponen. El ministerio de Educación debe reponer los salarios de todos los profesores que fueron sancionados, y luego reunirse con la ADP para revisar caso por caso y determinar los que deben quedar fuera del sistema.

Esa es la única forma de poder salvar el presente año escolar. El ministro luce débil, sin fuerzas, sin poder, y es pasar vergüenza presentar músculos con la toma de una medida sin tener el lápiz en ristre.

El gremio tiene que saber que no puede apoyar a vagos profesionales, a vividores que se escudan en supuestos servicios sindicales para cobrar sin trabajar. El que recibe un salario sin impartir docencia, o realizar trabajos propios del sistema educativo, tiene que ser suspendido de inmediato.

El sistema educativo está carcomido por la incapacidad de sus principales ejecutores. Hay cientos de maestros prácticamente iletrados, que no ofrecen confianza para ser conductores de la nueva generación de dominicanos. Se han convertido en simples cobradores de tarjetas que le depositan los días 23.

De las aulas hay que sacar a los irresponsables, los vagos, los que no tienen capacidad. Esa es una obligación conjunta del ministerio y del sindicato. Los dos son culpables de los cheques que llegan a manos ociosas. Todos tienen su cuota de irresponsabilidad política.

Ahora mismo, en medio de la batahola, lo que importa es salvar el año escolar. Se está perdiendo. No tiene importancia que haya desayuno y almuerzo gratis, cuando no hay profesores en disposición de dar docencia. La escuela no es un comedor, ni un centro de pica-pollo gratuito.

Si no salvamos la escuela, perderemos el país. Hay que evitarlo a toda costa. Los responsables de salvar la situación son el ministro y el presidente del sindicato. Son las caras visibles de este desorden y sobre los hombros de ellos recaerá toda la responsabilidad por la pérdida del año escolar. ¡Ay!, se me acabó la tinta.