Por Manuel Hernández Villeta

El doctor Joaquín Balaguer pasó toda su vida accionando en las acciones políticas. Fundó al Partido Reformista luego Social Cristiano, pero rehusó dejarlo como su heredero colectivo. El PRSC no pasa de un color rojo y de un local en la avenida Tiradentes.

Ni siquiera en los doce años del doctor Balaguer el reformismo pudo ser un partido de masas. Constantemente se hicieron denuncias sobre fraude electoral y el accionar de las fuerzas armadas para apoyar su candidatura.

Por razones que se llevó a la tumba, el doctor Balaguer no dejó como su heredero colectivo al PRSC, y mucho menos entregó su antorcha a uno de los dirigentes jóvenes que le acompañaban.

Balaguer era él y sus circunstancias. Para su memoria histórica Balaguer buscó limpiar la sangre de los doce años, y que su ideario político se apoderara del poder, sin importar quien fuera el director de la orquesta.

En una ocasión se habló de Jacobo Majluta como el Balaguer joven, y se trató de formar un binomio, pero la formula ni siquiera se puso en el papel. Jacinto Peynado fracasó en ser el heredero político de Balaguer, y ni se diga de Fernando Alvarez Bogaert.

El endeble partido Reformista carecía y carece de las fuerzas para limpiar el nombre histórico del doctor Balaguer. No pasa de ser un grupo que busca seguir en el poder. Los reformistas hoy constituyen un simple grupo, y me refiero a cualquiera de los dos bandos, sin fuerza deliberativa que tiene que buscar apoyo en los dos partidos mayoritarios.

Ito Bisonó, por razones de apoyo circunstancial de los jueces de cualquiera de las cortes, tiene todas las de ganar cuando el expediente de la convención vaya al Tribunal Constitucional o el Electoral. Usted se preguntará ¿quién es el heredero político del doctor Balaguer?. Una simple respuesta, los que tienen fuerza para llegar y mantener el al poder.

La filosofía política de Balaguer es la que aplicó Leonel Fernández, y la que hoy ejecuta el presidente Danilo Medina. Lo hizo Hipólito Mejía cuando le tocó gobernar, y lo seguirá haciendo todo el que aspire a ganar unas elecciones, en medio del populismo, la venta y compra de votos y la negación al principio del derecho a ser elegida y elegir en forma democrática.

Mientras el Partido Reformista Social Cristiana termina en el polvo del fraccionamiento, el pensamiento de Balaguer se mete en el tuétano de todos dirigentes políticos de importancia en el país. Es la degradación de la vida pública, emular al que gobernó por 22 años.

Dicen sus biógrafos que Balaguer le puso el pie al cuello a sus principales opositores. Sin embargo, supo lidiar con el futuro, levantando su política de llegar y mantenerse en el poder como una escuela política que sobre pasó la acción de José Francisco Peña Gómez y Juan Bosch.

La escuela política balaguerista tiene un lema: llegar al poder y mantenerlo. Su conciencia es el amor al poder absoluto, el jugar con el hambre y las desventuras de los pobres, maniobrar con las esperanzas de los desarrapados, ser fiel a las castas tradicionales y sobre todo saber que para navegar en el embravecido mar del partidismo, hay que saber nadar sin chapaletas, tener el cuchillo entre los dientes y la piel forrada de acero. ¡Ay!, se me acabó la tinta