Por Manuel Díaz Aponte

De nuevo el Papa Francisco clama por justicia, equidad y protección hacia la población más pobre de Latinoamérica.

En cada palabra que emite deja impregnado el profundo dolor que siente de ver tantas gentes viviendo como si no fueran seres humanos.

Como si no existieran aunque tengan nombres y apellidos, pero la marginalidad social e indiferencia los tienen arrinconados debajo del túnel del olvido.

Algunos de ellos amparados en la caridad pública y otros simplemente con la luz de la esperanza de encontrar respuesta a su infortunada vida.

El Papa Francisco sacó la cabeza y su voz para defender a los desamparados de América Latina, la región más desigual del planeta.

Esta vez fue en Colombia, en el cono Sur de América; allí donde miles de niños fueron lanzados a vivir en medio del lodazar y las podredumbres de las cunetas y alcantarillas de Bogotá y a padecer a temprana edad el horror de la guerra.

Sus mensajes son directos y profundamente reflexivos porque interiorizan las reales causas de la marginalidad social, advirtiendo casi siempre que la violencia en América Latina y el mundo solo tienen una razón fundamental, la exclusión social.

El Papa Francisco habló durante cuatro días en diversas ciudades colombianas en que constató nuevamente las terribles iniquidades sociales y pobreza prevalecientes en Latinoamérica.

"Colombia es una nación bendecida de muchísimas maneras; la naturaleza pródiga no solo permite la admiración por su belleza, sino que también invita a un cuidadoso respeto por su biodiversidad", expuso durante su periplo que lo llevó por Bogotá, Medellín, Villavicencio y Cartagena.

Una Colombia rica, pero con muchos pobres

Desde el "Papa Móvil" y en los lugares donde presidió misas saludó y bendijo a cerca de seis millones de colombianos, comprobando directamente las terribles desigualdades sociales de un país que lo tiene todo aunque muchas de sus gentes no encuentran qué comer, dónde vivir y mucho menos dónde aliviar sus penurias.

Francisco abordó los problemas ambientales, contaminación, deforestación, desempleos, violencia callejera, injusticias, prostitución, violaciones sexuales, corrupción entre otros que afectan a Colombia y el resto del mundo.

El primer Papa Latinoamericano es sin duda la voz más alta que tienen los desamparados de la fortuna; aquellos que sufren por la falta de empleos, alimentos, educación, salud y de oportunidades para soñar con alcanzar algún día un mundo mejor.

Y volvió al Continente Americano en medio de las muertes y destrucciones que dejó el poderoso huracán Irma tras su paso por La Florida; Antigua y Barbuda, Saint Martin, San Bartolomé, Cuba, Puerto Rico y el fuerte terremoto que sacudió a Oaxaca y Chiapas en México, donde murieron casi un centenar de personas y miles resultaron heridas.

El ciclón Irma hizo que potencias europeas como Reino Unido, Holanda y Francia así como Estados Unidos se acordaran de sus territorios en el Caribe, procediendo a enviar alimentos, agua potable, medicinas y tropas militares para iniciar las reparaciones en las áreas devastadas.

En un mensaje dirigido a los jóvenes colombianos, el Sumo Pontífice los exhortó a no desmayar por alcanzar la paz y sus sueños de esperanza.

"Queridos hermanos y hermanas de este amado País. Me dirijo a ahora a todos, niños, jóvenes, adultos y ancianos como quien quiere ser portador de esperanza: que las dificultades no los opriman, que la violencia no los derrumbe, que el mal no los venza. Creemos que Jesús, con su amor y misericordia que permanecen para siempre, ha vencido el mal, el pecado y la muerte. Sólo basta salir a su encuentro. Los invito al compromiso, no al cumplimiento, en la renovación de la sociedad, para que sea justa, estable, fecunda. Desde este lugar, los animo a afianzarse en el Señor, es el único que nos sostiene y alienta para poder contribuir a la reconciliación y a la paz", dijo desde el balcón del Palacio Cardenalicio en la emblemática Plaza Bolívar en Bogotá.

Corrupción Vs. Pobreza

La corrupción pública en Latinoamérica fue duramente criticada por el Papa Francisco en su recorrido por Colombia, reconociendo que representa la principal causa de la pobreza y violencia en la región.

Según datos de la CEPAL, América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo. En 2014, el 10% más rico de la población de América Latina había amasado el 71% de la riqueza de la región. Según los cálculos de Oxfam, si esta tendencia continuara, dentro de solo seis años el 1% más rico de la región tendría más riqueza que el 99% restante.

Entre 2002 y 2015, las fortunas de los multimillonarios de América Latina crecieron en promedio un 21% anual, es decir, un aumento seis veces superior al del PIB de la región de acuerdo a las estimaciones de Oxfam.

Sobre la corrupción el Papa Francisco expresó que: "Hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos".

Previo a salir de Colombia y de regreso al Vaticano el jefe de la Iglesia Católica confió en que habrá reconciliación y paz duradera en esa nación suramericana, que durante 50 años padeció uno de los conflictos armados más cruentos de la historia moderna.

Artículo de Manuel Díaz Aponte

Miércoles, 13 de septiembre del 2017