Por Manuel Hernández Villeta

La sociedad está carcomida por la violencia. Unos se sobrecogen cuando los periódicos traen grandes titulares relatando crímenes horrorosos. Hay hipócritas porque voltean la cara cuando a diario ven los rasgos diabólicos de la sangre derramada.

La sociedad tiene que quitarse la vieja piel. Está putrefacta. Tiene los caminos cerrados para seguir avanzando en medio de la mayor de las barbaries. Detrás de cada crimen, hay indiferencia. Solo se escucha la voz de alerta cuando se encienden las luces de la televisión.

Esta sociedad es violenta, porque así se están preparando sus hijos. La cordura no está en el pliego de la educación básica. Los padres se despreocupan de lo que hacen sus hijos. La prepotencia del nuevo rico, es un bofetón en la cara de los que no tienen nada.

No está fallando la sociedad. Todos no son culpables de esta ola de violencia. La comete una minoría. La sociedad es su víctima. Pensadores de nuevo cuño, buscando conseguir titulares de periódicos presentan su tesis de que la sociedad es la culpable de los actos de violencia.

¿Cuándo la sociedad ha tenido las manos desatadas?. ¿.Çuándo la sociedad ha podido ser la dueña de su destino?. La educación que se da desde la primera infancia alienta el machismo, el feminismo, la violencia, la intolerancia, el irrespeto a la vida, la prepotencia en cualquiera de sus manifestaciones.

Esa una sub-cultura que se le impone al pueblo como si fuera un traje echo a la medida. No se puede considerar al pueblo el culpable de la violencia, es la gran víctima. El que solo ve la vida como la oportunidad de salir a buscar el pan diario a como dé lugar, no es culpable de anda.

Están fallando los que venden ilusiones para conseguir cargos públicos, y luego abandonan sus deberes contraídos; están fallando los que atesoran riquezas y se olvidan de los humildes. Es una sociedad donde la gran mayoría no tiene esperanzas, y un puñado ejerce el derecho a la vida.

No culpemos a la sociedad por la violencia, cuando a ella no se le ha pedido permiso ni opinión sobre cómo mejorar las condiciones de vida de su medio ambiente. La violencia colectiva proviene de ese estallido individual. Si no se corrigen las fallas educativas y de formación social de los dominicanos, seguirán reportándose crímenes, y nuevos titulares de periódicos.

Si es culpable la sociedad de estar mirándose al espejo. Horrorizada por la violencia después del crimen cometido, pero sin fuerzas ni voluntad para hacer la labor de prevención. Sentir horror del horror no es un asesinato, pero si una cobardía que da paso a la barbarie.

La violencia individual se corta cuando se ofrece mejor educación a la población, cuando se cercenan las ataduras a la marginalidad, cuando se resalta lo sacrosanto del derecho a la vida, y sobre todo, cuando a una persona se le da la oportunidad de que nazca en él la esperanza y la fe en el futuro. Donde no hay esperanzas ni futuro, la sangre y la muerte son los dueños de la cancha. ¡Ay!, se me acabó la tinta.