Por Narciso Isa Conde

Ex ?presidentes corruptos y corruptores, Jorge Blanco (PRD), Balaguer (PRSC), Leonel Fernández (PLD) e Hipólito Mejía PRD-PRM), y el actual Presidente de la República Danilo Medina (PLD), acusado de alta corrupción en caso ODENRECHT.

Pretender que la vida institucional, el sistema comicial y la legalidad electoral de nuestra República Dominicana la decidan la actual Junta Central electoral (JCE), el sistema tradicional de partidos y sus nefastos "pactos", resulta no solo ominoso, sino ofensivo a la inteligencia del pueblo movilizado por el movimiento MARCHA VERDE.

Incluso, a estas alturas, a la luz de la impugnación masiva al sistema de corrupción e impunidad que cuestiona a esos actores políticos-institucionales, se torna francamente provocador.

La "nueva" JCE y el Tribunal Supremo Electoral (TSE) son instrumentos del presidente Danilo Medina, quien ahora capitanea una dictadura constitucional corrupta y corruptora que antes encabezó el ex-presidente Leonel Fernández.

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) pasó de ser un partido de Estado -bajo absoluto control del un cogollo de dirigentes súper-enriquecidos a través del latrocinio gubernamental asociado a negocios privados (ambos blindados por una impunidad que ellos mismo controlan)- a convertirse en un partido único de Estado acompañado de partidos sanguijuelas (medianos, pequeños y micros).

Luego pasó a transformarse en una corporación político-económica estatal-privada mafiosa.

El disminuido Partido Revolucionario Dominicano-PRD de Miguel Vargas Maldonado es una compañía privada mediana, tutelada por la alta jerarquía el PLD, dedicada a hacer negocio en la política sin el menor escrúpulo.

El resto del sistema de partidos es el Frente Opositor, en el que participan -además del PRSC y el Partido Revolucionario Moderno (PRM), desprendido del viejo PRD- toda suerte de partiditos tránfugas, dedicados al lucro político de sus dirigentes, con poquitas excepciones

Los restos del PRSC que lideró el déspota ilustrado Joaquín Balaguer, representan históricamente la podredumbre y el despotismo político balaguerista.

El PRM, componente principal del ex-PRD histórico, lleva en su cúpula una inmensa carga de corrupción, clientelismo, y traperías...independientemente de aquellos dirigentes y cuadros, que siendo permisivos con la corruptela política, no pueden ser tachados de corruptos; mientras la facción del ex presidente Hipólito Mejía, comprometida con la corruptela de ODEBRECHT y partícipe de una gestión gubernamental copada por corrupción e impunidad, luce prestarse al juego político oficialista a cambios favores hidro-carburados y ambiciones desbordadas, amenazando con una gran división del PRM.

Este esquema de la composición de esa "oposición" se rompe un poco con una golondrina que ahí no hace verano: una entidad anticorrupción que lamentablemente aparece junto a esos componentes moralmente degradados (incluidas corrientes neofascistas).

Tanto el PLD como el PRM está protegiendo descaradamente a sus pocos dirigentes, de los tantos involucrados, acusados de una parte menor de los sobornos de ODEBRECHT, y algunos después de puesto en libertad condicional fungen de voceros; una muestra más que confirma aquel dicho: "perro huevero aunque le queman el hocico"

En verdad de los pactos entre esos o con esos partidos, o entre ellos y esa JCE -pasando por la mugre del Congreso vigente- no puede salir nada que sirva al país y al pueblo dominicano; menos aun con la permanencia de la Constitución del 2010 como plataforma institucional (27-08-2017, República Dominicana)