FRANKLIN ALMEYDA RANCIER

Para algunas personas la actividad política no es una ciencia. Les es incomprensible cómo influye la economía y otras ciencias sobre ella; siendo, en cambio, por su naturaleza el centro de vida de las ciencias sociales. Así como la macroeconomía es una fuente en el diseño político, la filosofía le otorga la regla de oro con la dialéctica; ella explica cómo en la sociedad y en la naturaleza todo cambia.

La sociología y la antropología social les hablan a la política sobre la movilidad social y su comportamiento. Hasta la física le dice que ante un espacio vacío alguien o algo lo llena.

Es cualquirizar, por ejemplo, un partido si por su disfuncionalidad se crea la oportunidad de que cualquiera, con dinero o tráfico de influencia, llegue hasta a ser su dirigente o candidato presidencial. De ahí que superar la disfuncionalidad sea tan importante.

Si todo cambia, también cambian los métodos de hacer las cosas. Este señalamiento cientista social, ha sido de mucha atención en el seno del PLD, desde su fundación. Si hay quienes lo ignoran fue por llegar fácil a sus estructuras dirigenciales. La dialéctica en la vida partidaria como irrigar sangre en el cuerpo humano.

Las debilidades en el PLD y se originan, entre otras cosas, en su situación estática, paralizada y ausente de nuevos métodos que lo adecuen a los cambios en la sociedad. Por demás, ha sido quien desde sus gobiernos los ha favorecido.

Se deben asumir los cambios como vinculantes desde el comportamiento social a los cambios en la organización partidaria.

Para ganar el poder se transformó el PLD de partido de cuadros a partido electoral; había que buscar electores y compartir con ellos la vivencia partidaria. Se han ganado procesos comiciales susecivos.

Se puede comprobar que la organización es admirada en América Latina por sus triunfos electorales y por el manejo correcto de la estabilidad y del crecimiento macroeconómico en sus gobiernos. El año pasado 2016 fue el país de mayor crecimiento y este 2017 va por el mismo camino.

En cambio, como la estructura de la organización no se ha adecuado con métodos para su funcionalidad, tampoco tiene internamente la dinámica dialéctica como cuerpo vivo; se fosiliza, está desprotegida e incapaz de defenderse y defender al gobierno que sostiene; situación que la coloca a ser sacada del control del Estado, del poder.

Las grandes debilidades conocidas deben ser asumidas humildemente por los dirigentes de la organización; humildad significa en nuestra lengua reconocer las debilidades y fortalezas propias. Cuando se plantea movilizarlo, es ignorar su cualquierizacion y disfuncionalidad.

En medio de estas delicadas características, se presentan a dos funcionarios para ser candidatos presidenciales. Se desconoce deliberadamente el rol del Partido, para atribuírselo al rol del gobierno. Este no es un momento para improvisar; no basta tener dinero o creerse importante por estar en una función pública. La propuesta de la candidatura presidencial de la organización debe garantizar la retención del poder. El PLD, por demás, es la organización política más importante, después de La Trinitaria.

Juan Bosch enseñó a los peledeístas a pensar juntos; eso es democracia interna. El reto es ponerse de acuerdo como un sólo cuerpo en lo que debe hacerse y con qué figura probada presentarse en el 2020.

El autor es miembro del CP del PLD, ex Ministro de Interior y ex Rector de la UASD.