Por Manuel Hernández Villeta

Punta Catalina será un tema caliente en la próxima campaña política. Las elecciones coincidirán con su puesta en funcionamiento o la etapa final. Lo cual quiere decir que desde ahora hasta tiempo indefinido la planta energética estará en el debate.

La única salvación de Punta Catalina en cuanto a opinión pública y percepción, es que desde su inicio entregue una tarifa reducida por el pago de la electricidad, y que se pueda dar un servicio las 24 horas a toda la población.

Pero no perdamos el camino. Punta Catalina no es un tema ni técnico ni económico, sino político. Es una de las principales obras del gobierno, pero también una de las puntas de lanza de la oposición. El servicio garantizado y la baja tarifa debe ser la única realidad de Punta Catalina.

El kilo de energía está actualmente a unos cuatro pesos y medio, para los usuarios de 100 kilos o menos. Con el servicio de esta nueva planta, tendrá que estar por debajo de esa tarifa. Además en sectores residenciales hay 24 horas de servicio, mientras decenas de barrios sufren apagones de hasta 24 horas.

Más de la mitad del servicio energético se pierde con las instalaciones obsoletas, los robos en las barriadas y zonas residenciales y los altos costos por la utilización de combustibles y materiales fuera del control económico.

Punta Catalina deberá nivelar la situación, ofreciendo energía barata las 24 horas del día a la casi totalidad de la población. Ese es el objetivo que tiene que presentar a la opinión pública. Hay que esperar que esté en funcionamiento para ver si se convierten en realidad los planes publicados ahora visualizando realidades futuristas.

A pesar de sus fragilidades en cuanto a opinión pública y ataques de la oposición, el gobierno hizo una buena designación con Jaime Aristy Escuder al frente del complejo. El economista y experto polemista puede ser la cara visible de Punta Catalina, quitando presiones al Gobierno Central y al presidente Danilo Medina.

Punta Catalina es un billete de lotería: la oposición juega a que no pueda lograrse la meta de las 24 horas de energía para todo el pueblo y que la tarifa no se reduzca a unos cuantos pesos el kilo, pero si se llenan las expectativas esta planta energética podría ser el oxígeno de la respiración gubernamental y el viento que impulse planes de que el buque siga navegando. ¡Ay!, se me acabó la tinta.