Por Manuel Hernández Villeta

En varias ocasiones lo hemos escrito, el desarrollo dominicano depende en lo fundamental de que se logre colocar a nivel del siglo 21 las áreas de educación, salud y el campo. Todavía siguen rezagadas y lejos del alcance de la mayor parte de la población.

El campo se ha convertido en los predios de los agro-industriales. Hoy no se puede hablar de desarrollo campestre sin pensar que el principal agente de esa área es el sector privado, y sus grandes empresas.

Ya pasó la era en que la gran ilusión de los campesinos era tener su parcela. Los viejos se conformaron con un pedazo de tierra sin títulos de una reforma agraria que no rindió beneficios ni frutos. Muchas de esas parcelas pasaron a engrosar las filas de los terratenientes.

La juventud abandonó el campo y se fue a mal vivir a los cordones de miseria de las grandes ciudades. Las áreas periféricas de Santo Domingo se han poblado de familias que su destino natural era permanecer en la zona rural cultivando la tierra.

La reforma agraria fracasó en el país. El minifundio y el abandono y la tozudez de no aceptar nuevas técnicas de siembra, convirtieron al campesino en un paria, sin títulos, sin préstamos, sin semillas y sin comida. Lo único que le quedaba, sobre todo a sus hijos, era aventurarse en una villa miseria.

La educación ha mejorado en los últimos años en lo que se refiere a plantas físicas, y al nombramiento de profesores, pero no en su calidad. Hay fallas terribles en el sistema de enseñanza y en más de una ocasión uno se pregunta: ¿Cuál será el futuro de los jóvenes dominicanos con tan mala preparación?

El reto es que con ese cuatro por ciento que se desperdicia en salarios y en la comida del desayuno y almuerzo escolar, se pueda destinar una partida a preparar a los maestros. Sin buenos maestros, no puede haber estudiantes exitosos. Sobre todo al magisterio se debe de ir por vocación, no por un salario.

Hay que mejorar la educación pública, desde la revisión de los libros de texto, hasta el personal humano. El maestro a veces se comporta como un anarquista que sólo le interesa el salario, pero no el futuro de los muchachos a su cargo.

Sin servicios de salud garantizados, un pueblo no se puede montar en la guagua del desarrollo. Nadie garantiza la asistencia médica en el país. Es deficiente en los hospitales públicos, los médicos trabajan sin interés, aunque hay que reconocer que se han mejorado las plantas físicas de los principales centros.

En educación, salud y el campo se está trabajando con miras al futuro, es necesario que el pueblo se integre en echar esta zapata. El mundo de mañana se comienza a construir hoy. Estamos contra el tiempo. Sigue avanzando el siglo 21 y en renglones básicos todavía estamos décadas atrás. O nos modernizamos y avanzamos o vamos derecho al fango. ¡Ay!, se me acabó la tinta.