Por Manuel Hernández Villeta

Los cuadros estadísticos reseñan que cerca de 90 mil jóvenes dominicanos ingresaran a la universidad este o el próximo año. Dentro de tres, cuatro o cinco años, cuándo debería finalizar la carrera elegida, la mayoría habrá abandonado los estudios.

Para estos jóvenes, siguiendo el padrón económico de hoy, no hay futuro ni mejorías a la mano. Colectivamente salen mutilados a la vida, luchando para abrirse paso hacia mejores niveles de vida, pero encuentran las puertas cerradas.

Colectivamente tienen por delante una muralla que no pondrán vencer en lo inmediato. Sólo les queda la esperanza del salto individual, donde de 90 mil solo llega un puñado de privilegiados.

Las universidades están lanzando a las calles a nuevos profesionales que no encuentran trabajo, ni forma de ganarse la vida en lo que estudiaron. Están de brazos cruzados médicos, ingenieros, economistas, abogados y en todas las áreas profesionales.

Casi todos los meses las distintas universidades nacionales se ufanan de publicar un largo listado de nuevos profesionales que entregan a la sociedad dominicana. Ninguna de esas universidades plantea la inquietud de cuál es la suerte, el destino, de esos muchachos que con un título bajo el brazo no saben qué hacer, ni dónde acudir.

En este país la única factibilidad de un profesional dar un salto económico y social es mediante la política. El profesional se muere de hambre y languidece detrás de ocupaciones que no le corresponden por su grado académica. Estamos fabricando graduados de papel, para que aumente la burbuja de la frustración y la desigualdad.

Pero hay que persistir en el estudio. Es la única forma de que se pueda llevar una vida decente, de que se logre enfrentar las vicisitudes colectivas, sin doblar el espinazo individual. Los males de la sociedad pueden no tener reparación in-situ, pero ello debe dar nuevas fuerzas para propagar la necesidad del cambio social.

Para las universidades el negocio es tener muchos estudiantes. No importa de dónde vienen o hacia donde van. En el capitalismo se es bienvenido cuando aporta a la cuenta corriente, y se le desecha al momento de no tener poder de compra o de venta.

La juventud dominicana tiene que reiniciar nuevos caminos de lucha. Tiene que romper las cadenas de la ignorancia, y de ese padrón donde a los de abajo se les niegan las oportunidades, mientras que toma nuevo rictus el posicionamiento de las nuevas generaciones de las familias tradicionales. El estancamiento y el fracaso de hoy, debe ser la catapulta para buscar cambios sociales en el futuro inmediato. ¡Ay!, se me acabó la tinta