Por Manuel Hernández Villeta

La elección de los nuevos jueces del Tribunal Superior Electoral y de la Suprema Corte de Justicia parece que satisface a todos los sectores nacionales. Un triunfo para Danilo Medina, que encabezó un Consejo Nacional de la Magistratura que no recibió grandes críticas y también una victoria para la oposición que rechazó la reelección de los electorales.

Para estos nuevos magistrados lo más importante no es de dónde vienen, sino hacia donde van y como terminaran. Hay cuotas para los principales cuatro partidos políticos y para la Sociedad Civil. Sin tener masas, ni activos sociales, sin mojarse los pies en el charco del partidismo, esa sociedad civil está narigoneando el proceso político dominicano.

Metió por lo menos tres candidatos en las altas cortes, sacando una cuota sin tener la suficiente fuerza ni electoral ni institucional para ello. Un grupo de teóricos de cuello blanco que desean hacer política, despreciando a los activistas y a las masas.

Diría que el sector más beneficiado en esta selección fue ese grupo de la sociedad civil, cuya única misión es dirigir al Estado desde fuera, jalando las orejas de gobernantes y dirigentes. Ellos han heredado el sendero que dejó abierto monseñor Agripino Núñez Collado cuando jugó a crear un Tribunal Superior Electoral sin darse cuenta que esa nueva institución terminaba con su papel de mediador.

El Partido Revolucionario Moderno tiene también su cuota en estas designaciones, al igual que los reformistas y el Revolucionario Dominicano. El sector de Danilo está muy por encima del entorno que le enfrenta en el Partido de la Liberación Dominicana. Parece un ligero equilibrio de poderes.

El sector oficial debe cuidarse y tomar apuntes. La Marcha Verde está en las calles movilizando a miles de personas y motorizando el expediente acusatorio sobre actos de corrupción de Odebretch. Allí se cae en la ligereza de pedir la renuncia del Presidente o su sometimiento a la justicia, lo cual obligó a los empresarios a cubrir retirada y apoyo financiero.

Pero el PRM se opuso a que repitieran los jueces del Tribunal Superior Electoral. Dio un golpe de autoridad llevando a la elección de caras nuevas, de profesionales reconocidos que responden a sus padrinos e impulsadores, pero sin los rastros de los cinco pasados.

De ahora en adelante comienza el difícil camino de ser juez. En un instante dado todos han sido partidistas, ligados a la Sociedad Civil o al brazo político de la embajada norteamericana USIAD. Lo que ahora mismo importa es su comportamiento desde el acto de juramentación. Es caminando, como dice un poema de Miguel Hernández, que se abre camino, por tanto vamos a dar seguimiento especial a cada una de las ejecutorias de estos jueces, para ver cuando comienza su independencia, o si continúan atados al cordón umbilical de sus patrocinadores. ¡Ay!, se me acabó la tinta.