Por Manuel Hernández Villeta

El sistema de partidos políticos colapsó en el país. Todos los grupos partidistas hoy están fraccionados, y no se sabe cuál será su realidad con miras a las venideras elecciones generales.

Lo cierto es que será con estos mismos partidos que se tendrá que dirimir el torneo electoral. No se ve hasta donde alcanza la vista que surja un sector de ideas nuevas, que plantee una revaloración de la vida nacional.

Los que se llaman partidos emergentes, sólo tienen el señalamiento, porque en verdad son copias rústicas de los llamados cuatro grandes. No tienen diferencias de ningún tipo. No hay izquierda con fuerzas para ganar una votación a regidor, y la sociedad civil carece de atractivos.

Un frente de masas con caras nuevas, luce un despropósito. Caras nuevas y poca edad, pero con las ideas ya erráticas de viejas políticas que tenían que ser olvidadas, pero que la falta de relevos mantienen en el sendero.

Por más esfuerzos que se haga, entre los cuatro grandes partidos, de acuerdo con la evaluación de la Junta Central Electoral, se dirimirá el torno electoral del 2020, y los demás serán rémoras a la búsqueda de su pedazo de pan.

La sombra del fraccionamiento campea en los partidos Revolucionario Moderno, Reformista Social Cristiano, Revolucionario Dominicano y de la Liberación Dominicana. El amago de división le resta fuerzas a lo interno, y le aleja de las aspiraciones de la mayoría de lograr cambios en sus niveles de vida.

Muchos quieren tener expectativas hacia el conjunto que motoriza la Marcha Verde. Sin embargo, ese movimiento no pasa de ser una consigna sin dirección, y un color levantado sin bandera propia. Le falta de liderazgo en las masas, y carece de una voz aglutinadora.

Además, es un conjunto de intereses puestos de acuerdo en forma limitada para denunciar la corrupción. Cada quién tiene su propio matiz del verde, sus consignas, sus pancartas y su pedazo por las calles que desfilan. Imposible vaticinar hasta dónde seguirán juntos. De empresarios a neo-izquierdistas, todo indica que un día se romperá la taza.

El vaticinio político puede cambiar en unos dos años y medio. Podría surgir una fuerza nueva, con ideas renovadoras, que levante el cambio de vida en el país. Todo es posible. Es una realidad que ahora mismo hay un colapso de los partidos políticos, y las fuerzas emergentes no se ven en lontananza. ¡Ay!, se me acabó la tinta.