Por Manuel Hernández Villeta

Hay que finalizar el sistema de cuotas, para designar a los jueces de las altas cortes. Es inaceptable que a cada partido se le de representantes para la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Electoral y podría ser para el Tribunal Constitucional.

También es peligroso que el sector empresarial esté haciendo propuesta de candidatos, y buscando su cuota, para así tener a jueces preferidos. Se tiene que escoger a profesionales serios y responsables, con una limpia hoja de servicio, y no atendiendo a su militancia política pública o encubierta.

En este país hay muchos profesionales del derecho que tienen las condiciones personales y profesionales para ser miembros de las altas cortes. A ellos se debe acudir para que cumplan con su deber ciudadano. Cuando se integran los cargos para pagar favores políticos se hace un dañó incalculable al futuro del país.

Cierto que las instituciones dominicanas son de barro. Ninguna tiene piernas de acero y cuerpo blindado. Sin instituciones férreas es difícil que se pueda evitar que a los partidos políticos les toque una cuota de representantes en las cortes superiores.

De hecho solo hay cuatro partidos mayoritarios, reconocidos por la Junta Central Electoral. De estos solo a dos les tocarían representantes en las cortes, y algún caramelo de consuelo para los otros dos. A los llamados grupos emergentes, ni siquiera de lejos le llega la posibilidad de ser admitidos en el prorrateo para designar jueces.

Los empresarios se deben dedicar a crear fuentes de producción y por consiguiente de apertura de más empleos. La política directa no es su camino, y mucho menos querer tender un lazo hacia la Suprema.

El desafío que tienen por delante los dominicanos es el de crecer, de hacer que nuestras instituciones lleguen a adultas, que el camino luzca despejado y que las triquiñuelas, las zancadillas y los oportunismos vayan quedando en el pasado.

Donde no hay justicia, se retorna a la época de la barbarie, donde cada quién sanciona a su manera. Los linchamientos son una muestra macabra de cómo llegan los efectos colaterales de una justicia que no tiene la venda en torno a los ojos. Si se quiere echar la zapata de una futura justicia creíble, que desde ahora se deje sin efecto la repartición de las cuotas de partidos y empresarios, para seleccionar a los jueces de las altas cortes. ¡Ay!, se me acabó la tinta.