Manuel Díaz Aponte

El contraste entre el final de un mandato presidencial en Estados Unidos en comparación con América Latina es apreciable.

La falta de institucionalidad y de un régimen de consecuencia para quienes violenten la ley amparada en la protección del poder sigue carcomiendo el debilitado y cuestionado sistema democrático Latinoamericano.

Ver a un ex presidente estadounidense perseguido por la Justicia por cargo de corrupción es muy difícil debido a que las instituciones además de sólidas son muy respetadas y vigiladas.

Por ejemplo, Barack Obama quien gobernó la nación más poderosa del planeta entre 2009-2017, apenas concluyó su mandato emprendió una gira vacacional con su familia.

En Latinoamérica muchos mandatarios terminan sus funciones desacreditados y con expedientes instrumentados ante los aparatos judiciales, especialmente por actos de corrupción en el manejo de los fondos públicos.

La hermosa y ejemplar excepción en la última década fue la del ex mandatario uruguayo, José Mujica, quien dio cátedra de honestidad, prudencia, humildad y ética al conducir los destinos de su país en el periodo del 2010-2015.

Hubo quienes intentaron ridiculizarlo aduciendo que era un presidente de mente pobre, no obstante, el mensaje proyectado por Mujica a la comunidad mundial era de que se puede conducir el poder del Estado sin tener que cambiar los hábitos de comportamiento social, sin depredar los fondos públicos y actuando con moderación y sin aplastar al contrario.

Por eso, hoy descansa tranquilamente en su granja con sus familiares cercanos en las afueras de Montevideo, capital de Uruguay, sin temor a desplazarse solo por cualquier sector de ese lindo país suramericano.

El antiguo líder del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros dio una lección de pulcritud y de transparencia digna de imitar, y ello le ha permitido el privilegio de ser invitado frecuentemente a impartir conferencias internacionales.

Institucionalidad

En Estados Unidos, en cambo, el sistema de partidos, la democratización e institucionalidad así como el respeto a las normativas legales desde las instancias máximas del poder garantizan un final de una gestión gubernativa sin traumas.

Pero en Latinoamérica es todo lo contrario donde todavía los golpes de Estado, violaciones a las normas constitucionales y procesales, el presidencialismo así como la fragilidad del sistema de partidos siguen presentes erosionando sensiblemente las posibilidades de desarrollo económico, político y social de su población.

El descrédito del sistema de partidos en la República Dominicana es evidente y preocupa a la cúpula de las principales organizaciones que observan atónito como el Movimiento Marcha Verde ha concitado el apoyo de millones de dominicanos que desde hace meses vienen participando en las protestas contra la corrupción y la impunidad.

A esto se agrega la atomización y la falta de renovación de los cuadros dirigenciales altos y medios en las principales organizaciones como el oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD), donde su presidente Leonel Fernández tiene quince años en el cargo y Reinaldo Pared Pérez lleva 16 años como secretario general.

Lo mismo ocurre en lo que queda del PRD, cuyo presidente Miguel Vargas lleva casi diez años conduciendo esa entidad.

En el fragmentado Partido Reformista Social Cristiano la división está presente con el eterno Quique Antún al frente de esa entidad, y por el otro lado, Ito Bisonó y Josecito Hazim buscando su renovación.

La reelección a esos cargos en el interior de las denominadas organizaciones mayoritarias se realiza al margen de la participación en asambleas de sus bases que ni siquiera tienen derecho a elegir sus dirigentes.

Corrupción amparada en el Poder

El cáncer de la corrupción esparcido por el cuerpo de las principales instituciones es el factor principal de la generación de pobreza en la región.

Organismos mundiales como el Banco Mundial lo vienen advirtiendo en distintos estudios donde se resalta el crecimiento de los excluidos en el Continente Latinoamericano.

La prensa internacional reseña que el ex presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, fue llevado este martes 20 de junio ante el Juez Edwin Torres, de la Corte del Distrito Sur de La Florida, vistiendo el uniforme de prisionero y esposado de manos y pies.

Estampa de un clásico delincuente aunque cuando dirigía su país era todo un señor de saco y corbata.

Está acusado de usar dineros públicos para espiar ilegalmente a más de 150 opositores durante su mandato 2009-2014 y fue apresado recientemente en la ciudad de Miami por agentes federales de la Interpol.

Recordemos la forma en que concluyó su mandato el difunto y joven ex presidente de El Salvador, Francisco Flores, quien ostentó el poder entre 1999-2004 y procesado por corrupción tras comprobarse que desvió más de quince millones de dólares donados por el gobierno de Taiwán para ayudar a los damnificados de los terremotos del 2001.

Ahora al vicepresidente de Ecuador se le acusa de acciones de corrupción por lo que podría ser interpelado en juicio político.

El trauma más estremecedor en el ámbito de quienes dirigen el poder político en América Latina es cuando la manecilla del reloj apunta hacia el inexorable final de su mandato, que se acaba el tiempo de conducir el Estado y por consiguiente, el final de todo el glamur y privilegio que significa tener en sus manos los destinos de un país.

Actualmente en Brasil el ex presidente Luiz Inácio Lula Da Silva enfrenta un proceso judicial acusado de presuntos hechos de corrupción administrativa en su mandato del 2003-2011.

Lula brilló como presidente de Brasil al punto que varios medios internacionales le dieron el título de personaje del año y hasta el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, lo llamó "el político más popular del planeta".

En Guatemala, la ex vicepresidenta de ese país centroamericano, Roxana Baldetti, será extradita y juzgada por la Corte del Distrito Federal de Columbia, Estados Unidos, por vínculos con el narcotráfico internacional.

James Madison precursor constitucionalista de Estados Unidos, expresó "el fin de toda constitución política, debería ser, conseguir primeramente como gobernantes a los hombres que posean mayor sabiduría para discernir y más virtud para procurar el bien público; y en segundo lugar, tomar las precauciones más eficaces para mantener esa virtud mientras dure su misión oficial".

Pobreza Vs. Corrupción

En muchos pueblos de América Latina la gente ha salido a las calles a demandar el cese de la corrupción y castigo contra los que han desfalcado el erario público como está ocurriendo actualmente en la República Dominicana.

El Movimiento Marcha Verde concita cada vez más simpatía entre sectores de la clase media y baja que ven en ese instrumento de lucha la oportunidad para desahogarse y reclamar que los corruptos no tan solo sean encarcelados sino que además se les quiten los bienes robados desde el gobierno.

Pobreza extrema en RD, según el Índice de Desarrollo Humano del PNUD en el 2016:

Tasa de Pobreza en RD: 32. 1

Pobreza Extrema: 5.8%

Incide de Desarrollo Humano:

0.700

El Banco Mundial observa que el país requiere de una política de inclusión social que permita desarrollar la productividad y así mejorar los niveles de vida de la población más vulnerable.

En su informe del 2016 sostiene que el gasto social del gobierno en materia de salud sigue siendo uno de los más bajos en relación a los demás países de la región. En promedio es de 1,6 por ciento del Producto Interno Bruto en salud frente a un promedio regional de 4,5 por ciento.

Y agrega que "adicionalmente, la falta de confiabilidad y calidad en los servicios de agua potable y electricidad afectan los motores de crecimiento tales como el turismo, la agricultura y la manufactura".

El Banco Mundial en un estudio realizado en abril de este año 2017 sugiere como políticas a aplicar por las autoridades en el país las siguientes medidas:

-Mayor inclusión productiva, a través de un mercado laboral con mejor capital humano y mayor participación de mujeres, vínculos entre la inversión extranjera y la economía local, así como aumento de la productividad.

-Un gasto público que sea suficiente y efectivo en el contexto de un espacio fiscal limitado.

-Aumento de la resiliencia al cambio y los desastres naturales, y mejora en el manejo de recursos naturales para sostener los altos niveles de crecimiento.

En suma, la gente está consciente de que la falta de hospitales, de fuentes laborales, escuelas, caminos vecinales y centros comunales se debe en gran medida a la corrupción en el sector público.

Artículo de Manuel Díaz Aponte

Miércoles, 28 de junio del 2017