Por Manuel Hernández Villeta

Entramos al siglo 21 sin un liderazgo sólido. Se carece de un líder que pueda conducir al país en la etapa de la modernidad. Muchos pigmeos intelectuales transitan por el medio político, social y económico con aires fatuos, pero sin aportar soluciones ni planes concretos para el desarrollo.

La inercia social tiene al país estancado en lo que se refiere al seguimiento de un liderazgo ambientado en un programa social coherente que permita la integración multisectorial, para dar pie a una gran alianza, que es la madre del progreso.

Para darse un gran acuerdo nacional tiene que haber una crisis de por medio. Es la coyuntura o las circunstancias. La unidad, decían los viejos maoístas, solo se da en la acción. Un frente de masas es para un objetivo determinado. En el triunfo cada cual toma el camino que mejor le convenga.

De ahí la frase escrita a ritmo de guillotina de que la revolución destruye a sus hijos. Los que fueron unidos a la revolución francesa, terminaron luchando por el poder total y cada cual accionó la guillotina para llevarse de encuentro a su enemigo favorito.

Un proceso social debe tener una cabeza que lo dirija. Si hay dos, hay problemas. Dos líderes en un mismo instante, lleva tarde o temprano a la división. Puede haber muchos dirigentes, pero solo una cabeza en la cima. Las revoluciones la hacen las masas, pero ese cuerpo tiene que tener una cabeza pensante que lo dirija, sin ella el proceso va a la anarquía.

Los dominicanos caminan los primeros 17 años del siglo 21 sin liderazgo ni individual ni colectivo. Esta situación nos pone al filo del despeñadero. En el siglo 20 vivimos las convulsiones desde su inicio y al promediar los primeros 16 años ya teníamos la primera intervención militar norteamericana. A los 30, surgió la dictadura de Trujillo.

Tenemos que hacer de este el siglo de las luces. El 20 fue de obscuridad. Vivimos más de cincuenta años en etapas dictatoriales, en guerras civiles, en intervenciones militares y en montoneras. Hoy muchos quieren sacar los demonios del sombrero, para lanzarnos a las tinieblas sociales.

¿Cuándo los dominicanos hemos vivido en democracia?. Cada quién interpreta esa democracia a su manera. Lo único real es que entramos al siglo 21 en medio de penumbras, suelo resbaloso, un futuro indivisible, y el deseo de una gran mayoría de que demos el salto adelante, buscando la senda del desarrollo y la paz, derrotando el pesimismo y rechazando los cantos que presagian la llegada de los cuatro caballos del apocalipsis. ¡Ay!, se me acabó la tinta.