FRANKLIN ALMEYDA RANCIER

Danilo está en una encrucijada, como sucede con muchos presidentes latinoamericanos. Su entorno acaricia otra oportunidad de reelección; pero su compromiso es salir de la Presidencia para el 2020. Ese entorno recrea posicionamientos imaginarios y hasta deseados, aunque no reales, para halagar.

El poder representa para muchos, eso creen, su legitimidad en la sociedad. Prodigan, como todo entorno, alabanzas al líder mientras siga en el poder. Si decide salir, en cumplimiento de normas constitucionales y valoraciones políticas y éticas, lo dejan sólo.

Es absolutamente cierto aquello de que el que traiciona no es el adversario, sino el que se tiene al lado. Es por demás bíblico, de que el traidor (Judas) está a un beso de distancia. Muchas veces el entorno busca integrantes de cercanía genética, para propiciar permanencia en el poder, aún a contrapelo. A veces, son los mismos consanguíneos que descalifican y le niegan toda posibilidad, hasta que al verlo llegar lo abordan con mayor presión y peor consecuencia.

La decisión a tomar depende de la personalidad y solidez política. Igualmente el compromiso histórico asumido. La clara voluntad de dejar un país habitable para sus descendientes y a la gente sencilla. En más de una ocasión, Danilo ha dicho que desea dejar como legado una obra que sea reconocida por los ciudadanos comunes y mirándole a los ojos le digan "lo hiciste bien". Ese contexto se crea cuando se gobierna para la población y no para el entorno.

Por esas razones ha de esperarse que sea categórico y defina su respeto a la no reelección. De que luego le suceda lo que he vivido con Leonel, que estando en librerías, aquí y en otros países, algún ciudadano sorprendido al verlo sólo, frente a un anaquel de libros, pregunta "¿Ese es Leonel, lo puedo saludar?"; y al responderle "si acércate y hazlo", se admiran viéndolo tan humano.

La debilidad de Leonel es la lectura e ir de compra a librerías. Parece que sus más legítimos y verdaderos amigos son los libros. A Danilo le gusta, igual que a Leonel, conversar con gente sencilla del pueblo; aquellos que recogen tradición y sabiduría; ellos han sido fuente inagotable para reconstruir la historia, recrear la cultura y expresiones del arte y la literatura. Son confiables y leales. A ellos nos debemos, no al entorno que acompaña mientras se detenta el poder.

Cuando Danilo salga del poder, será de la mano de Candy, sus hijas y unos pocos colaboradores; exactamente como le sucedió a Leonel. Podría salir orgulloso o avergonzado; en la primera situación por haberlo hecho bien, cumpliendo respetuoso con el mandato constitucional. Por el contrario, si se deja llevar por el entorno a una nueva reelección, tendrá el legado de haberse llevado de paro al partido que con tanta dedicación y esfuerzo fundó Juan Bosch y sus acompañantes, entre los que estuvo él, Danilo.

En 2015 se firmó un acuerdo por el pleno del CP (luego refrendado por el CC y la Convención que eligió a Danilo candidato presidencial), para manejar su propia crisis. Entre esos acuerdos estuvo modificar la Constitución para convertir en pétrea los artículos relativos a la reelección.

El propósito era ponerle candados a la Constitución, pero no se necesitan si Danilo bota la llave para no abrir los que están puestos.