Por Manuel Hernández Villeta

La violencia en las escuelas, es el reflejo de una sociedad en crisis. Integrantes de las nuevas generaciones tienen los lápices para agredir y no para escribir. Vamos por un despeñadero, del cual a duras penas si podremos salvarnos.

Hace tiempo que desapareció colectivamente la familia, que debe ser el núcleo fundamental de una sociedad. Con eufemismo se habla de la familia dominicana, pero es un puñado muy pequeño los que todavía tienen el calor del hogar-familia en su entorno.

Hay que observar la lista de la gran cantidad de madres solteras, de niñas y adolescentes embarazadas y de familias destruidas por diversas causas, entre ellas la económica, para darse cuenta de que algo está mal.

En la etapa primaria hay que pasar revista a las escuelas. Hay una marcada violencia en el ámbito escolar. Se está peleando dentro de las aulas, en las zonas de recreo, con uniforme y en presencia de profesores. Hace muchos años, que los maestros carecen de autoridad para llamar la atención a los alumnos.

No creo en la justificación de algunos de que en las escuelas siempre se peleó. Una cosa es que entre adolescentes y hasta niños de primaria existan divergencias de personalidad, y otra que los enfrentamientos lleguen a causar daños físicos y sicológicos a los participantes.

Porque cuando dos o más estudiantes pelean en el aula, todos son víctimas de la violencia, el agredido, el agresor y los que observaron. Si tiene que haber sanciones, hay que comenzar con los padres, que no saben educar a sus hijos. Pero, ¿ cuál es la culpa de madres solteras que trabajan quince horas diarias para mantener a sus hijos, o de jornaleros que salen al salir el sol y llegan con la noche a sus humildes hogares?.

Esa violencia escolar no se detiene allí, sigue al barrio, y ensucia a toda la sociedad. Es hora de ir a modificar parámetros de orden y respeto en las escuelas, y comenzar a revalorizara una familia que se quedó perdido en la modernidad actual.

Las escuelas tienen grandes fallas, como es la mala preparación de los estudiantes, la incapacidad de los profesores, y si ahora unimos que se conviertan en espectáculos de boxeo, estamos en la anarquía total. Se puede corregir esta situación, pero tiene que haber mayor responsabilidad del Ministerio de Educación, de la Asociación Dominicana de Profesores y de los cabezas de familia. Si no hay medidas correctivas, la violencia será indetenible en las escuelas y en toda la sociedad. ¡Ay!, se me acabó la tinta.