Cuando yo ni siquiera pensaba que sería periodista, ya Ramón Calcaño reportereaba en los partidos políticos para el noticiero Radio Reloj Nacional, que se transmitía por Radio Continental. Yo era un mozalbete pero recuerdo que lo veía a media mañana acudir a la Casa Nacional, entonces del PRD y hoy del PLD, en Gazcue, en procura de las informaciones del día. Eso fue a finales de la década de los años 60s, pasada la revolución de abril. Después, ya yo haciendo pininos en el oficio, lo observaba laborioso y discreto en la redacción deportiva, como editor internacional y subjefe de redacción en el desaparecido vespertino Ultima Hora. Su participación como comentarista en las jornadas de lucha libre lo hicieron toda una celebridad, al extremo de que pocos dominicanos no han pronunciado alguna vez la frase "dimelo cantando, Caaalcaaañooo", con la que era introducido para comentar los combates de Jack Veneno. A mediados de los años 80s, me acompañó en el manejo de Cadena de Noticias, versión radial por Radio Central, y compartió conmigo la dirección de Clarín Informativo y Noticiero W, un proyecto informativo novedoso por Radio Guarachita. Ya en las relaciones públicas gubernamentales, a partir de 1986, seguimos juntos en varias instituciones cerrando ese ciclo en el ministerio de Hacienda hasta 2011 cuando emigré al Banco de Reservas y bajo su responsabilidad quedó mi relevo como director de Comunicaciones, posición en que sirvió con varios titulares de ese ministerio, hasta que un accidente cerebro vascular, del que afortunadamente sobrevivió, lo sacó de juego hará cosa de 2 años y lo postró en cama, por lo que fue puesto en licencia médica. En esa condición fue cancelado, y aunque asumió una mísera pensión que le había otorgado el Poder Ejecutivo, han sido infructuosos todos sus esfuerzos para recibir las prestaciones a las que tiene derecho para vivir dignamente esta etapa de su existencia y enfrentar una enfermedad costosa. Calcaño no merece ese trato...

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