FRANKLIN ALMEYDA RANCIER

Se debe celebrar que el partido de gobierno, al que pertenezco, no está solo. Se hablaba de una dictadora de partido; ahora se expresa, en las calles y en los medios, una fuerza que agrupa una diversidad de expresiones políticas y sociales. Han sido inteligentes en disimular propósito, no de todos los que asisten, que es sacar al PLD del poder.

Dicen llamarse movimiento "verde" contra la corrupción y la impunidad, pero todos estamos en contra, incluidos los corruptos que van a la marcha; esos mismo que se han fotografiado, también una diversidad de dirigentes reconocidos de la oposición, con una cuestionable hoja de servicios políticos.

De nuevo casi pasa que funcionarios no entiendan los procesos políticos. Cuando se iba a hacer la primera marcha, dijimos titulando un artículo: "A Esa Marcha No Voy"; se colocó en las redes sociales y a él respondió también en las redes el Ministro de la Presidencia, por falta de formación política, que "el gobierno apoyaba esa marcha".

El movimiento "verde" no es contra la corrupción y la impunidad; pero sus organizadores han sido inteligentes y con ellos arrastran una diversidad social y política, incluyendo una buena parte de la izquierda que siempre "está al fondo y a la derecha". El despliegue para montar esas marchas,

y vestir sus participantes de verde es costoso y no lo puede financiar cualquiera.

Se ha politizado la corrupción para judializar la política; como debe ser es judicializar la corrupción y que las urnas decidan las preferencias políticas. El problema para la oposición es eso último, que ha dado 6 triunfos consecutivos con más de un 50% al PLD, desde 2004; se cansaron de perder. Eso no sólo ha sucedido en este país, sino igual en muchos países de América Latina.

En el 2013 hice saber al CP del "guión de Brasil", diseñado en un evento celebrado en Atlanta en el segundo semestre del 2012, de un significativo número de organizaciones representadas; en él se acordô combatir los partidos progresistas acusando sus dirigentes en los tribunales de corrupción, y que cada cual buscara sus jueces, ya que los conservadores estaban perdiendo en las urnas. Se escogió a Brasil como la cabeza por donde empezar.

En el CP se dejó el planteamiento sobre la mesa y ya luego se hizo necesario reiterarlo, con sugerencias para superar debilidades partidarias y de gobierno. Ha sido recientemente cuando se empieza a reaccionar, a propósito de que el caso Odebrecht ha facilitado articular a la oposición y buscar judicializar la política.

En Brasil sacaron a Dilma Rousseff y al PT del poder con un juicio político, porque para ganar las elecciones hizo alianzas con los mismo que luego ayudaron a sacarlo, incluyente el actual presidente Temer, quien era vicepresidente de Dilma.

Aquí no podrà ocurrir igual, porque el PLD no ha entregado el Congreso; además, se va entendiendo claramente que las acusaciones no eran antes contra Leonel ni ahora contra Danilo, sino contra el PLD. Es evidente, que lo menos que se persigue es que el PLD llegue casi arrastrándose al 2020.

Se ha dado un paso del CP y CC al dar apoyo al gobierno, pero es necesario, sin la arrogancia que destila el poder y con humildad, reconocer debilidades, porque por suerte ya no estamos solos.

El autor es miembro del CP del PLD, ex Ministro de Interior y ex Rector de la UASD.