Por Manuel Hernández Villeta

Sin estamento ideológico, el transfuguismo y las diabluras de los partidos políticos será imposible de vencer. Una ley de control político está condenada al fracaso porque no va al fondo de los problemas partidistas en el país, y se queda como una búsqueda de principalía de legisladores trasnochados.

Los vicios de los partidos políticos es lo que permite que la mayoría de los legisladores estén ocupando una curul, sin tener apoyo popular para ello. Ningún diputado fue seleccionado en un torneo público y democrático, sino señalado por el líder de su partido.

Este caudillismo sin verdaderos caudillos que son hombres con el poder temporal, no permite el surgimiento de un verdadero liderazgo político intermedio, comunitario y provincial. La política nacional es dar seguimiento a las órdenes del jefe y nada más.

Son vientos que no hacen tormentas, porque muchos son dirigentes únicamente en los partidos que mantienen secuestrados, pero que no se atreven a ir de cara al pueblo para demostrar su verdadera valía. Sin políticos que sean generados en base a la ideología, no se podrá lograr que sean serios, honrados y preocupados por el bienestar colectivo.

La ideología es la coraza moral e institucional que se necesita para luchar por el bien común y general, sin ella un alegado dirigente lo que busca es su provecho personal, y nada más.

Lo que se tiene que dar en el país es la creación de una escuela política en base a la honradez, la dedicación, el trabajo y el sacrificio. Ello no es imposible. Surgió en la juventud que murió en los doce años, sin dejar relevos y con recuerdos borrados por los años.

De la lucha total contra Joaquín Balaguer, la mayoría de los políticos dominicanos cambió su autopista, para buscar las facilidades personales. Hoy usted pregunta a cualquier política cuál es su prioridad número uno, y le dirá, sin micrófonos y sin cámaras, que hacerse de dinero y garantizar su futuro.

La agenda social debe estar enhebrada para acabar con el hambre, la miseria, la desesperanza que golpea a millones de dominicanos. Más que leyes sobre partidos, lo que se necesita es un corazón grande e ideas inmensas para luchar contra las injusticias sociales, la mala distribución de las riquezas, la corrupción y la inseguridad.

No perdamos el tiempo con nuevas leyes que no van a significar nada. No ganamos nada poniendo en papel blanco, lo que políticos de corazón negro no van a cumplir. ¡Ay!, se me acabó la tinta.