En Primera Fila.

REQUIEM POR LEO Y LUIS MANUEL

Mario Rivadulla.

Al locutor Luis Manuel Medina Pérez, asesinado ayer en la cabina de la emisora donde prestaba servicios en San Pedro de Macorís, cuando se encontraba en plena labor noticiosa, no recuerdo haberlo conocido. En todo caso, nunca llegamos a intimar.

Si, en cambio, al periodista Leónidas Martínez, quien fungía de director de la emisora FM 103.5. Nos encontramos por vez primera hace años. Fue en su tierra natal, durante un concurrido almuerzo de periodistas. Nos unió una relación de trabajo. Hallé a un comunicador talentoso, responsable y entregado de lleno a su misión informativa y orientadora. Pero, además, casi de inmediato, descubrí en el a un excelente ser humano. Abierto y comunicativo. De trato cordial y amable, que en breve llegaba a ser afectuoso.

Leónidas era un líder nato. En San Pedro de Macorís, una de las ciudades del país donde existe un mayor y más dinámico contingente de periodistas y corresponsales de prensa, gozaba de gran predicamento. Todos le decían Leo. Se le escuchaba, respetaba y seguía. Estudioso y bien equipado profesionalmente, sus conocimientos le acreditaron para desempeñarse como profesor de la Universidad Central del Este. Era también un munícipe comprometido activamente con el progreso de la comunidad petromacorisana, voluntario de la Defensa Civil y con grados de coronel en el Cuerpo de Bomberos.

Hacía ya un tiempo que no veía a Leo. Volví a verlo de nuevo por Internet. Fue una imagen dolorosamente estremecedora. Su cuerpo baleado y ensangrentado en la butaca que ocupaba cuando fue ultimado a balazos. Una existencia valiosa que se pierde a manos de un presunto sicario. De esos que han hecho del crimen comercio y método de vida. De los que mantienen a esta sociedad en permanente zozobra. Después de darle muerte fue en busca del locutor y también periodista Medina. Y al igual que a Leo lo ultimó a balazos. Víctima marginal, la secretaria, herida de gravedad.

Las circunstancias prueban a las claras que fue un crimen premeditado. Las razones, seguramente profesionales. Algún interés espurio, alguna mafia local, algún negocio sucio puesto al desnudo por Leo y Luis Manuel. No tiene otra explicación. Es el precio de ejercer una de las profesiones más peligrosas del mundo. Lo prueban las estadísticas. Durante el 2016, un total de 39 periodistas fueron asesinados en América Latina y El Caribe. La mayor proporción de bajas correspondió a comunicadores radiales. Como Leo y Luis Manuel. La región es considerada una de las más peligrosas para ejercer la profesión. Esta, a su vez, de las que representa un desempeño de más alto riesgo.

De ese registro siniestro también forma parte nuestra clase periodística. Desde los ya remotos asesinatos de que fueron víctimas Goyito García Castro y Orlando Martínez hasta en años más recientes, José Silvestre, en La Romana, cuyo autor intelectual, fugitivo por espacio de cinco años, nos ha sido enviado en extradición desde Colombia y al que es de esperar le toque pagar la más fuerte sanción por el crimen con el agravante de la fuga. Y Blás Olivo, otro conocido cercano, director de Relaciones Públicas de la Junta Agroempresarial Dominicana y de su publicación institucional, en un hecho donde son muchos, comenzando por la familia, los que piensan que las investigaciones dejan muchas incógnitas por despejar.

A ellos se unen ahora Leo y Luis Manuel, convertidos en mártires del periodismo. Detrás dejan el llanto de sus seres queridos pero también el pesar de sus colegas de profesión, de cuantos les conocieron y de todo San Pedro de Macorís volcado en el sepelio reclamando justicia y el repudio de una sociedad hastiada de tanta violencia criminal, donde el temor cede paso a una creciente indignación.

Por lo pronto, ya se ha reportado la muerte del señalado como autor material. La versión policial es que cometió suicidio al verse acorralado. Supuestamente se llevaría a la tumba el motivo del crimen. Se reporta como deportado de los Estados Unidos, sin ficha policial en el país. Pero es elemental imaginar que su papel fue el de simple sicario, actuando bajo contrato. Evadido de la justicia humana, queda ahora sometido a la divina.

Toca ahora a las autoridades emplearse a fondo para establecer posibles complicidades y sobre todo, de donde surgió la orden y sus motivaciones. Si existe y no cae la ficha mayor este crimen abominable quedaría en realidad impune..

Que así sea