Para que siga el progreso

Por Ricardo Rojas León

La inmensa mayoría de los dominicanos está apostando a la candidatura del presidente Fernández, para que continúen la estabilidad y el crecimiento económico.

A ciento veinte días de que los dominicanos acudamos nuevamente a las urnas, el presidente Leonel Fernández tiene asegurado un triunfo electoral abrumador.

El líder y candidato del Partido de la Liberación Dominicana aventaja ampliamente a los demás aspirantes, tanto en las simpatías populares como en la intención de voto de los dominicanos.

Fernández es el único de los candidatos que tiene una obra material y política que mostrar. Ha gobernado la República Dominicana en forma ejemplar, en dos ocasiones, lo que se ha traducido en un reclamo popular de que continúe conduciendo los destinos de esta nación.

Durante los gobiernos de Fernández, la economía dominicana ha crecido a tasas récord. Las estadísticas económicas del 1996-2000 fueron las mejores de la década. (7.6 promedio del PBI, inflación de un digito y 667,000 nuevos empleos).

En este nuevo mandato, la administración Fernández le ha devuelto a los sectores productivos la confianza en la conducción de las finanzas públicas, perdida luego de concluir su primer mandato.

Y los resultados económicos están a la vista: recuperación de la estabilidad macroeconómica, crecimiento del PIB real a una tasa promedio superior al 8 por ciento e inflación de un solo digito.

En los cuarenta meses del actual gobierno, se han generado alrededor de 400,000 nuevos empleos, las reservas internacionales netas liquidas del Banco Central superan los US$1,600 millones –luego de registrar niveles negativos en agosto del 2004- y se ha incrementado el flujo de inversión extranjera directa por encima de los US$1,200 millones anuales promedio.

Pero, además, el presidente Fernández puede exhibir la estabilidad relativa del tipo de cambio, la sostenibilidad de las finanzas públicas y la reducción del déficit cuasifiscal, dentro la estrategia para su eliminación y la capitalización del Banco Central.

Los sectores productivos nacionales se benefician ahora de las tasas de interés activas más bajas en la historia económica dominicana, lo que se ha traducido en un elevado crecimiento del crédito y la inversión internos.

Desde agosto del 2004, los dominicanos han vuelto a dormir tranquilos, y se levantan sin las desconcertantes sorpresas con las que muchos empresarios, inversionistas y consumidores se encontraron cada mañana durante el gobierno anterior.

Ahora es posible planificar con relativa certidumbre cualquier negocio o empresa, pues la estabilidad y la confianza han definido el clima de negocios del país en los últimos tres años.

Muchos dominicanos han vuelto a endeudarse a cinco, diez y veinte años, así como a realizar depósitos e inversiones a plazos que exceden los tres años.

La República Dominicana de hoy es muy diferente al país en que vivimos hasta agosto del 2004.

Por eso, la mayoría electoral que se manifestó en las urnas para propiciar este resurgimiento del país de sus cenizas, volverá a endosar su apoyo al más grande estadista dominicano de las dos últimas décadas.

Rojas León es abogado con especialización en economía.