Manuel Díaz Aponte

Las armas convencionales siguen siendo poderosas y destructoras, pero... ¿y qué de las redes sociales?

Hoy en día representan un poderosísimo poder de transmisión de información y de compras, capaz de transformar culturas, discursos, pensamientos, ideas, hábitos alimenticios, comportamiento humano y probablemente hasta inducirnos en lo que debemos hacer.

Esas redes representan una de las herramientas más usadas por las células terroristas mundiales, entre ellas, Isis, obligando a los cuerpos de seguridad del mundo a recomponer sus estructuras operacionales así como las estrategias para combatir el crimen organizado.

El diseño y función de las redes sociales no tiene límites, dejando frecuentemente abierta las respuestas a varias de las preguntas esenciales de una información. A saber: ¿Qué?, ¿Cuándo?, ¿Dónde?, ¿Cómo?, ¿Quién? y ¿Por qué?

La delincuencia y el terrorismo mundial han confraternizado amorosamente con ellas, permitiéndole manejar con precisión, efectiva localización, exactitud, audacia y destreza datos que anteriormente no disponían.

Pero no es que esas redes sean peligrosas en sí mismo sino el tipo de uso que les demos sus habituales seguidores, complicando al final el escenario.

La prudencia debe ser una norma entre los cibernautas para evitar caer en la trampa de quienes están permanentemente al acecho de una presa desprevenida, cuya imprudencia no tan solo se paga con un asalto sino hasta con la propia vida, sin importar que se trate de un país del primer mundo.

Control Tecnológico

Un grupo de pensadores reflexiona profundamente sobre los alcances de la Internet del presente y futuro en el texto: "Explorando el ciberperiodismo iberoamericano", donde advierten su extraordinaria incidencia en los ámbitos institucionales, gubernamentales, políticos, económicos, sociales, culturales, académicos y profesionales.

Octavio Islas, Fernando Gutiérrez, Gerardo Albarrán de Alba, Salvador Camarena y Rosanna Fuentes exponen sus conceptos advirtiendo las consecuencias de que la gente pueda ser controlada por la tecnología.

La alocada carrera exhibicionista del ser humano en las redes sociales está transformando aceleradamente los viejos esquemas de convivencia en la sociedad.

El asalto armado perpetrado por delincuentes en un hotel de lujo de Paris, Francia, donde se hospedaba la actriz y modelo estadounidense Kim Kardashian, a quien ataron en el baño y cargaron con prendas y regalos valorados en más de diez millones de dólares, habla del peligro del desnudo en la red.

Probablemente los asaltantes y su estructura delincuencial a la que pertenecen dieron seguimiento a la celebridad norteamericana de 35 años, que frecuentemente muestra sus encantos, vestidos y accesorios millonarios en la Internet.

Es como estar en la antesala de un imaginario ciberespacio donde todos nos envolvemos bajo la plataforma de un mundo cargado de sueños, de color rosa, sin preocupaciones, de felicidad plena, donde hay que exhibirlo todo, incluyendo las interioridades de nuestro cuerpo físico y espíritu del alma.

La realidad concreta ha sido sustituida en gran medida por lo virtual, donde el ser humano es una máquina reproductora de ideas manipuladas, distorsionadas y comercializadas, cuyo objetivo final es separarlo de su propia esencia para que viva en un mundo maravillosamente fantasioso.

¿Cómo cambiar los hábitos de exhibicionismo de las grandes estrellas del cine y del espectáculo mundial que tienen en las redes un excelente espacio de difusión?

Entonces, esas personalidades del espectáculo tendrán que duplicar sus esquemas de seguridad personal evitando incluso el contacto con el gran público.

El individualismo, mezquindad, egoísmo, hipocresía, la exclusión, la xenofobia y la maldad cubren cada vez con mayor intensidad el pensamiento humano.

Y ese afán desmedido por las cosas materiales nos está socavando el necesario equilibrio y armonización que representa la paz individual en cada persona.

No hay que ser médico ni especialista de la conducta humana, cuando buscamos comprender por ejemplo, el terrible daño que causa a la salud el ser mezquino.

Practicamos la cultura de resaltar lo malo, lo perverso y lo negativo de la persona, pero nunca sus atributos, inteligencia y éxitos logrados por esfuerzo, trabajo y dedicación.

El diccionario de la Real Academia Española define la mezquindad como la "cualidad de mezquino o la acción o cosa mezquina".

Pero la mezquindad tiene diversas variables en la actitud y modo de comportamiento de la especie humana, lo que en muchas ocasiones ha contribuido con su fracaso.

Destape Cibernético

Las redes sociales tienen entre otras virtudes el destapar el rostro oculto, insensatez e ingratitud humana. Pero también, abrieron para siempre las compuertas de la hipocresía, engaño, simulación y el extremo de la vanidad.

Muchas de esas artistas seguidas en las plataformas digitales exhiben un cuerpo reconstruido desde los pies hasta la cabeza, pero aún así el marketing y la comercialización publicitaria les reportan millones de dólares de ganancias.

¿Siempre han existido esas manifestaciones en la especie humana?, efectivamente, y hoy la aplicamos sin pudor, sin tapujos y ni siquiera nos horrorizamos de ellas.

Vivimos un mundo imaginario, de construcción mediática, alejado de nuestras posibilidades y realidades concretas.

Hay gente que cree firmemente que una foto con ribetes de maquillaje improvisado vale más que la palabra escrita, pero qué alejados están de la realidad concreta, de un mundo con estructuras reconstruidas, de aquella vivencia cotidiana que proyecta nuestra esencia educacional, cultural, económica, política y social.

Jesucristo fue el primer ser humano que apeló al uso de la palabra para transmitir un mensaje, un concepto, para orientar, concientizar y exhortar a la población a luchar por su liberación, para alcanzar la libertad, felicidad, amor y comprensión.

La realidad virtual tiene atrapada en un callejón sin salida a muchas gentes, a gentes buenas, pero ignorantes que piensa que hay que ir dos o tres veces en la semana al salón de belleza a reformar el moño postizo porque hay que subir una nueva foto en Facebook. Y sacrifican hasta la comida, la compra de un libro o la lectura de una revista especializada por tener la cabeza hermosamente delineada.

Así el tradicional estudio fotográfico al que frecuentemente acudía la gente para tener un grato recuerdo familiar de la celebración de bodas, cumpleaños o bautismo fue reemplazada por la cámara del celular que llevamos en las manos. Acuden al fotógrafo capitalino o pueblerino aquellas personas que requieren de fotos institucionales reglamentadas por las embajadas para tramitar la solicitud de un visado o en otros casos cuando remitimos un currículum vitae para optar por un empleo, solicitud de becas, entre otros usos imprescindibles en la sociedad.

La cultura del Selfie tan popular y masivamente utilizada parece envolver la magia de lo real con lo fantasioso en este siglo 21, donde todavía millones de seres humanos en el planeta ni siquiera tienen agua potable en sus hogares.

Manuel Díaz Aponte

Domingo, 9 de octubre del 2016