Por Victor Manuel Grimaldi Céspedes

24 de enero 2016

Señor

Giovanni María Vian

Director

L'Osservatore Romano

Ciudad del Vaticano, Roma

Distinguido Amigo:

En estos momentos existe mucha preocupación por la crisis política de Haití, un país que ocupa la tercera parte de la isla La Española, y que comparte con la República Dominicana este territorio de 78,000 kilómetros cuadrados en el centro del Mar Caribe.

Muchos son los medios de comunicación que están enfocando sus análisis en lo que ocurre en esta isla que comparten dos distintas naciones, Haití y República Dominicana, bañadas por las aguas de este mar caribeño que separa al norte y al sur del continente llamado América en honor a un descubridor cuyo nombre, Américo, se relaciona con uno de los personajes de una famosa pintura del maestro italiano Sandro Botticelli.

Hemos leído en la página 2 de la edición correspondendiente a los días Domingo 24 y lunes 25 de enero del 2016 del periódico bajo su digna Dirección, un artículo del Señor Luca Possati sobre la actual crisis haitiana, en el cual expresa que uno de los problemas que enfrentaría un nuevo Gobierno en Haití es que los trabajadores haitianos que emigran a la República Dominicana al tener hijos en territorio dominicano quedan sin nacionalidad y son apátridas como consecuencia, según el Señor Possati, de que el Gobierno Dominicano aprobó una ley de tal naturaleza.

Lo que ha escrito el Señor Possati es incorrecto:

1. La República Dominicana en 2015 no aprobó una ley de tal naturaleza. Por lo contrario, desde el 2013 el Estado dominicano ha tomado un conjunto de disposiciones legales con estricto respeto a los derechos humanos que han permitido regularizar el status de decenas de miles de descendientes de haitianos y de residentes de esas y otras nacionalidades.

2. La Constitución de Haití reconoce la nacionalidad haitiana a cualquier descendiente de un haitiano o una haitiana, no importa el país donde hayan nacido. Lo que quiere decir que un hijo de haitianos nunca deja de tener su propia nacionalidad.

3. Todos los Estados de la tierra aplican sus leyes para regularizar los flujos migratorios, hoy desbordados y creando crisis en muchos puntos críticos del continente europeo.

Debo destacar que ningún país del universo conocido ha hecho tanto por Haití como la República Dominicana. Más de un millón de refugiados haitianos viven en el territorio nuestro, y no es cierto, como indica el reportaje, que laboran solo en la industria azucarera. Han sido acogidos en todos los sectores, y disfrutan de todos los servicios sociales reconocidos que les proporciona el Gobierno a todos los dominicanos.

La carga de esta migración es muy pesada, pues los dominicanos somos diez millones y tenemos tantos pobres como los tiene Haití en su territorio.

Al agradecer que L'Osservatore Romano tome nota de estas observaciones, nos ponemos a su disposición para suministrarle la documentación necesaria que le permita conocer a fondo la realidad social de los dos pueblos que habitan la isla La Española, donde en 1492 se empezó a fomar lo que es hoy el Pueblo Dominicano que luego se organizó en un Estado Independiente bajo el lema de Dios, Patria y Libertad en su escudo nacional, con la Biblia y la Cruz de Cristo en el centro de su bandera.

Me despido con un saludo cordial y respetuoso para Usted, Señor Director.

Victor Manuel Grimaldi Céspedes

Embajador de la República Dominicana ante la Santa Sede