DIJIMOS QUE MIGUEL COCCO, se distinguió, para este escribano, por cuatro cualidades: inteligencia; hombre de poder; humanista y murió siendo fiel a sus principios revolucionarios.

Don Federico Henríquez Gratereaux y Miguel Cocco, escribían en la revista para turistas, TV-Guía, de Teo Beras, editada por Alfa & Omega. Ellos escribían los editoriales. Don Federico es un "clerc"; un erudito, que sólo los que hemos trabajado a su lado sabemos la variedad de temas que puede abordar. Como la mayoría de los Henríquez, el estilo de don Federico es como un armazón que, colocado piedra a piedra, semeja a Machu Pichu, que todo avispado cae en la cuenta de que es un arquitecto de la palabra, sobre todo de la semántica, pues sabe lo que dice. El periodismo ligero jamás alcanza a ver el peso de su depurada sabiduría y cultura. Hasta una rata cubana dijo una vez que si RD tuviera un Premio Nobel, sería de Don Federico.

Miguel Cocco, en cambio, era sociólogo (aunque no se ponía título de nada), y bebió, como editor, en millares de libros. En cambio, su estilo era ligero, suave, como el sigiloso vuelo de un ave; pero era una mina conceptual sin adjetivación ni metáforas. En eso era borgeano. ¡Qué fina inteligencia! Leerlo era un verdadero deleite y charlar con él, un banquete, porque de su boca jamás salía una disparatada; ni los fárragos de algunos sociólogos de hoy. Además, movía la ironía como una saeta, a lo Pepe Mujica y Raúl Sendic, el viejo. Como a aquellos auténticos pensadores revolucionarios, le adornaba también, una honradez acrisolada. Al igual Bosch, Miguel jamás entregaba un centavo sin la prueba escrita.

Me di cuenta de su poder por la forma en que derecha e izquierda hablaban de él. Don Juan decía: "¡Llévenle esto a Coquito!", y asunto resuelto. ¡Jamás he oído a un izquierdista, pese a la mezquindad de esos predios, hablar mal de Miguel o que él hiciera alguna bellaquería! Miguel, con todo y suavidad, no aceptaba que se sobrepasaran con él.

Me di cuenta, en lo personal, de que Miguel era un verdadero hombre de poder, cuando, desesperado acudí donde Nelson Guillén, buscando al señor Guaroa Liranzo. Nelson, mi amigo de toda la vida y próximo alcalde de San Cristóbal, me dijo, acerca de mi preocupación, que Guaroa no se ocupaba de eso. Pero, ¡oh, casualidad!, Cocco se movía en el local de TV-13, y me vio. Me dijo: "Lo que dice Nelson es verdad"; me quitó lo que llevaba en la mano y me dijo, mientras con ternura me agarraba un cachete: "¿Tú no confías en mí?" Le dije que desde que lo conocía. Al otro día me llamaron y me dijeron que el asunto estaba resuelto. No sé cuándo (y no hablo de lo que no conozco), Leonel y Danilo llegaron a Cocco, pero sí sé que Don Juan le tenía confianza absoluta, al igual que Guaroa Liranzo y dicen que Balaguer; así como otros miembros de la oligarquía criolla. Lo que sé es que Miguel Cocco Guerrero fue el arquitecto que llevó al PLD al poder en 1996, porque todo peledeísta conocía la intransigencia de Don Juan con los principios. Por él fue posible el "Frente Patriótico" (y hay otros intersticios que pienso tratar en un libro, pero me faltan aristas).

Miguel Cocco saneó las Aduanas, y a partir del 2004, terminó de tapar las rendijas con la agilización de los trámites y la eliminación de los aranceles múltiples para una sola materia prima. Se rodeó de todos: paledeístas, militares, ex izquierdistas, y pese al extraordinario crecimiento de las recaudaciones y las multas multimillonarias por fraudes cobradas discretamente, no hubo deportistas, izquierdistas y ex, que fueran con una enfermedad o apuro que no encontraran su mano generosa. Con las multas cobradas, repartía el 50% entre fiscalizadores y empleados en general; pero el otro 50% lo entregaba a Hacienda. Era profundamente sensible ante el dolor ajeno; un verdadero humanista. Pero cuando decía no, era no. ¡Hasta pagaba el programa de TV de un "líder" de izquierda que vivía acabando con el Gobierno! ¡Cuánta humildad, caridad, entereza y honradez!

Y lo más resaltante: se juntaba con todos (era puntual): ricos, pobres, banqueros, ex compañeros, derecha, izquierda, inspectores aduaneros de los imperios capitalistas; pero jamás flaqueó en su visión del mundo, ni en sus principios y creencias de que era posible un mundo más humano, inclusivo y mejor para todos. Cuando fue elevado al Comité Central del PLD, no se sentaba delante; oía todos los planteamientos y no lo puedo decir con certeza, ¡pero jamás pedía un turno! Creo que pensaba que su voz no importaba.