Por Santos Aquino Rubio.

Cada vez que escucho o leo en los medios de circulación nacional informaciones relativas a los privilegios que tienen los legisladores en este país, crece marcadamente mi amargura y la impotencia se apodera hasta de mi dominicanidad.

Alrededor de 640 millones de pesos han recibido los señores diputados en los últimos 24 meses, dizque para regalitos con motivo de las Navidades, las Madres y otras festividades. No sabemos cuantos recibirán por Corpus

Cristy y las fiestas que faltan en el 2014.ha

Tengo la sensación de que este es un país donde sobra el dinero como la miseria, donde los problemas de la salud están marcadamente resueltos. No hay déficit de viviendas, sobra la camida, no hay deuda externa ni interna y hay sobradas escuelas para la formación de maestros.

Si es así, no está mal jugar con el dinero fruto de las pesadas cargas impositivas, los exagerados trámites burocráticos, la carestía de los servicios judiciales y lo costoso de los servicios sociales, porque el dinero sobra.

Los bancos comerciales no encuentran qué hacer con el dinero y sobran los préstamos y facilidades a bajas tasas de interés. Realmente vivimos en un país donde sobra para dar, aunque lo que se da se quede el bolsillo directo de quien lo recibe.

Es más, nos sobra hasta para gastar mil millones de pesos resolviendo el problema de la naturalización de los haitianos, para evitar la presión internacional. Todo nos sobra, solo que los dominicanos que todo lo pagan no reciben nada a cambio, ni siquiera los buenos servicios.

En un país así todos quieren estar, hacerse residentes y ciudadanos sin sacrificios y con un congreso cuya grandeza estriba en esperar una fiesta especial para mover el "barrilito" u otra bolsa de dinero gratis, que solo le cuesta a la población generarlo. No nos quejemos de lo que propiciamos.

El autor es abogado y periodista.