Por: Dr. Ysócrates Andrés Peña Reyes*

La etapa de vida democrática que vivimos nos está trazando que sólo logrando la erradicación de los liderazgos mesiánicos y del sectarismo infecundo por medio de una nueva visión y de un cambio de mentalidad en nuestras entidades políticas, se propulsarán las metas que urgen para vencer el atraso social, la pobreza, la corrupción y los demás males que actualmente golpean a nuestras familias y a la sociedad en sentido general.

A tal efecto, los liderazgos políticos deben aprovechar los muy preocupantes problemas que está generando la crisis moral, social y económica por la que atravesamos para reflexionar en tal sentido y asumir un rol inteligente dentro de la sociedad como principales actores de sus políticas y de la conducción de los principales estamentos del Estado, a fin de enrumbar la nación hacia el desarrollo y el establecimiento de una real justicia y paz social.

En dichos propósitos se requiere motorizar profundas transformaciones en los partidos para ponerlos acordes a los cambios que de ellos requieren nuestros tiempos y el mundo moderno, así como también, asumir plenamente los nuevos roles y tareas que exige y necesita nuestra nación.

Asimismo, para arribar a las metas señaladas, a la nación le urge y a la vez reclama procurar el cese del egoísmo y la falta de unión que han lacerado a los partidos, por ser los factores que han sido los principales generadores de muchos males, divisiones, luchas intestinas y agobios.

Por tanto, a quienes les corresponde la delicada misión de ser líderes políticos, deben asumir que así como el egoísmo constituye el peor enemigo de la existencia del amor y la unidad dentro las familias y la sociedad en sentido general, la práctica del mismo en las instituciones políticas es muy dañina por sumergir a sus integrantes en la mezquindad y la mediocridad.

El cambio que estamos sugiriendo está íntimamente ligado a la ética con la que se ejecutan las acciones en el sector público, ya que los políticos actuales le han perdido el temor a la condena pública y realizan acciones que contravienen todos los parámetros del buen manejo de los recursos públicos.

Por eso, necesitamos un cambio, no de caras, sino de conciencias. Necesitamos gente seria, honesta, con una conducta apegada a las leyes y de respeto a los ciudadanos. Nos urgen políticos que estén más allá de los discursos, de los "spots" publicitarios bonitos e ingeniosos. Requerimos, de forma urgente, una conciencia nueva, una forma ética de conducir el Estado.

Además, se requiere comprender plenamente que para la erradicación de los males que nos corroen y estacan, urge promover la renovación y transformación que necesita el país, dentro de un ambiente en el que necesariamente prime la solidaridad, la unidad y la confraternidad entre todos los sectores sin excepción alguna, como parte fundamental del verdadero amor por la patria y el prevalecimiento de los intereses de la colectividad.

En fin, los líderes de los partidos políticos tienen el gran reto de conducir sobre bases seguras al país hacia un progreso y desarrollo humano que reivindique a las dominicanas y los dominicanos, dejando como parte del pasado los errores y fracasos que nos han arrojando los intereses personales desmedidos y las posiciones sectarias irracionales.

Por: Dr. Ysócrates Andrés Peña Reyes,*

Director General del Consejo Regional de Desarrollo (CRD),

Abogado y Politólogo. Tel. 809-244-5496 y Correo: crdnordeste@yahoo.es