Por Manuel NÚÑEZ Asencio

Los humanistas antidominicanos han lanzado el santo y seña de la batalla que están librando contra la nación: prefiero ser traidor a la patria, antes que ser traidor a la humanidad. Esa declaración expuesta en las banderolas de la ceremonia de los abrazos solidarios celebrada en el Aula Magna de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el 5 de diciembre del 2013, es una frase que lleva aires de grandeza. Ha sido repetida por sus periodistas, y ya es parte de la propaganda que se divulga en la INTERNET. Son las palabras de un asno que se creyó centauro.

Se trata de un razonamiento construido sobre bases nebulosas y falsas. Haití no simboliza a la Humanidad. En términos demográficos, Haití no representa una proporción mayor de la humanidad que la que constituimos los dominicanos. Al traicionar a la República Dominicana en nombre de Haití no se le está rindiendo un servicio a la humanidad. En consecuencia, en las delirantes declaraciones de ese día se estaba prescindiendo de la humanidad. Porque se la redujo a una porción minúscula de ella. Que, al parecer, es la única digna de la compasión, del respeto, de la solidaridad y del amor de los humanistas. La otra porción, es decir los dominicanos, según la diputada de la APD, doña Guadalupe Valdez es el hogar del apartheid. Exhibe una soberanía trasnochada, según el periodista Juan Bolívar Díaz, orador estrella de este acto.

Vamos a desmontar las piezas de este razonamiento.

1. Es falso que el país fomente la apatridia. Porque ningún hijo o descendiente de haitianos se halla privado de la nacionalidad. Tienen la nacionalidad de origen, conforme al artículo 11 de la Constitución haitiana. En todos los casos, legales o ilegales, los haitianos están batallando por una segunda nacionalidad.

2. No es verdad que se haya despojado a los haitianos retroactivamente de un derecho que ya tenían. Porque desde el 1929 el estatuto de la nacionalidad se ha mantenido inalterable en todas las modificaciones constitucionales. La Sentencia TC168/13 sólo ha refrendado lo que ya existía.

3. Es falso que la Sentencia 168/13 sea la antítesis del derecho internacional. De 190 Estados del mundo, que constituyen la totalidad de territorio en los que se despliega esa humanidad invocada por estos manipuladores, en 160 no se le otorga la ciudadanía a los hijos de ilegales (Confróntese Listín Diario 6/12/13). Dicho en otras palabras: la humanidad no piensa ni actúa ni tiene el sistema judicial que defienden los demagogos que la invocan. La mayoría de los países tiene una legislación que compagina con la Sentencia 168/13. Ni siquiera en el propio Haití, beneficiario de la generosidad de los que prefieren traicionar a su patria, los hijos de ilegales se benefician de la nacionalidad. En Haití, a los descendientes de extranjeros legales o ilegales no les corresponde la nacionalidad. De manera, que los pro haitianos nos condenan por circunstancias que los haitianos se rehúsan a aplicar en su propio país. Esa es una visión hemipléjica, selectiva, del ideal de justicia. Se aplaude a los haitianos por las mismas razones que se condena a los dominicanos.

4. Nada se ha salvado de la manipulación. Ni siquiera Nelson Mandela. Lo han convertido ante la opinión pública en adepto de sus disparates jurídicos. Han empleado la reputación del gran luchador contra el apartheid, contra el racismo, el renombre del forjador de la nación arcoíris, para darle aire de nobleza a lo que han sido auténticas vilezas contra la nación dominicana. . Ahora bien, los humanistas antidominicanos deberían combatir a esa Sudáfrica que, durante el Gobierno de Mandela, estableció que los descendientes de extranjeros ilegales llegados de los países vecinos (que no son pocos) no se les otorgaba la nacionalidad sudafricana. He aquí el texto judicial refrendado durante el Gobierno del inmenso Mandela: South African Citizenship Act, No. 88 of 1995

? Por nacimiento:

o Nacido en territorio sudafricano, siempre y cuando sus padres sean sudafricanos o extranjeros legales con residencia permanente en la República de Sudáfrica. No se incluyen en esta categoría los hijos de diplomáticos o representantes de gobiernos extranjeros, ni los hijos del personal doméstico dependiente de funcionarios extranjeros.

o

5. Cabe hacerse ahora algunas preguntas. ¿Serán capaces de acusar a Mandela de toda la barbarie que suelen atribuirle al que no piense como ellos en nuestra pequeña y olvidada patria? ¿Por qué si en 160 países los hijos de los ilegales haitianos no serían considerados como ciudadanos de esos países, sólo se condena selectivamente a la República Dominicana? Estos humanistas que condenan a nuestro país en un caso y no lo hacen con otros países por circunstancias semejantes se descalifican ante nuestros ojos. ¿Por qué se puede ser indulgente con el resto de la humanidad, a la que le suelen perdonar sus leyes y sus constituciones, y ser implacables con los dominicanos? ¿Por qué los dominicanos no tienen los derechos que se les reconocen a todos los demás, incluidos a los haitianos? Conforme a lo que dicen estos humanistas, para no se nos tilde de genocidas civiles y ser dignos de pertenecer a la humanidad, debemos traicionar a nuestra patria. Nadie, desde luego, le pide a los haitianos que, para alcanzar un propósito semejante, traicionen la suya. ¿Que hemos hecho para merecer tanto odio? ¿Por qué no tratan a la República Dominicana con el mismo respeto que le inspiran los haitianos? ¿Por qué deberemos ser más indulgentes con los demás que con nosotros mismos?

6. Si algo distingue a estos falsos humanistas es la falta de probidad. Aplican una justicia tuerta. los haitianos pueden negarle la nacionalidad a los hijos de extranjeros nacidos en su territorio, sin importar que sean legales o ilegales. Los dominicanos que llevan a cuestas una enorme población que ha violado sus fronteras, deben poner su Constitución y sus leyes al servicio de esos ilegales. Lo que resulta malo para Haití, perder el control de su territorio, debe ser bueno y obligatorio para los dominicanos. Los dominicanos no tienen los derechos que ellos les reconocen como sagrados a los haitianos. Todo el mundo, al parecer, tiene derecho a aplicar sus leyes, sin que se le lleve a tribunales internacionales, sin que ningún Estado desate campañas de difamación y de odio en su contra en los organismos internacionales y ante la comunidad de Estados del continente. Todos tienen derechos, excepto nosotros. Más aún: los Estados que firmaron la condena a la Republica Dominicana en el CARICOM en ninguno los hijos de haitianos ilegales se beneficiarían del jus solis. O sea que los que es malo para ellos, lo que ellos no admiten en su territorio, debe ser bueno y ser aceptado por la República Dominicana.

Aquellos que se han convertido en peones y en monaguillos en unos casos del Estado haitiano, y en otros, del poder extranjero , para, en conciliábulo aplastar la soberanía dominicana, y echar por tierra la sentencia del Tribunal Constitucional 168/13, se creen revestidos de una superioridad moral. Se proponen resolver todos los problemas de un Estado fallido, intervenido por Naciones Unidas, en el territorio dominicano. Defienden el derecho de los haitianos a establecerse ilegalmente en la Republica Dominicana, el derecho a privarnos de los empleos que país produce, a derramar sobre nosotros sus marejadas de enfermos, el derecho abastecerse de leña devastando nuestros bosques. En resumidas cuentas, el derecho a privarnos de nuestro porvenir en nombre de su pobreza. No es la humanidad lo que defienden estos farsantes. Porque la humanidad no se ha propuesto arrasar con nuestro país, sino al ejercicio de un Estado hostil contra la Republica Dominicana, que se ha lanzado sobre nosotros sin consideraciones de ningún tipo.

Nosotros no tenemos que recibir lecciones de humanidad ni de los haitianos ni de los falsos humanistas antidominicanos. Hemos hecho más por los haitianos que todo lo que Haití ha hecho por la humanidad. El año pasado la República Dominicana gastó 5,300 millones de pesos en la salud de los haitianos. En todas partes del mundo, esa proporción con relación al presupuesto nacional, es un abuso. Haití tiene, al parecer, el derecho de abusar. El derecho que defienden los humanistas antidominicanos es el derecho del zorro en la pollera.

Al convertirse en instrumento del Estado haitiano y de las tramoyas del intervencionismo internacional en sus diligencias para traspasarnos todos los problemas del Estado vecino, han traicionado a su patria; al irrespetar el derecho internacional de los Estados, la identidad y la personalidad de las naciones y los principios que rigen la convivencia internacional, han traicionado a la humanidad.

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