José Tomás Pérez

Este diciembre la gente recibió el nuevo año como si desesperadamente tratara de despojarse de los harapos que le había dejado el 2013. Si bien el 13 es un número tradicionalmente asociado a la mala suerte, factores de diferentes tipos se conjugaron para convertir ese año en una especie de desgracia, de la cual todos querían salir a salvo o por lo menos quedar con la menor cantidad de lesiones y cicatrices.

Un agujero fiscal más grande que el hoyo de Pelempito hizo que las finanzas públicas se sacudieran, dejando al desamparo la economía y provocando un aluvión de impuestos que casi nos ahoga en medio del camino. El esperado crecimiento económico no se produjo en los niveles deseados y las expectativas de la gente quedaron a merced del desconcierto, hundidas en un mar de siniestras predicciones sobre lo que podría a suceder en el 2014.

Aunque el país recibe el nuevo año al borde de la histeria colectiva, enfrentado a la renovada ola de violencia que nos acosa, abrumado por la depresión y las precariedades económicas, conserva, por lo menos, la esperanza de que el Presidente Medina pueda revertir esta situación e imprimirle un sello de confianza a una gestión que ha tenido que enfrentar obstáculos que parecían insalvables.

Por suerte para todos, muchas de estas sugestivas calamidades se han ido parcialmente superando y con la ayuda de ese temperamento especial que exhiben los dominicanos y de esa paciencia infinita de Job de que hacemos gala, concluidas las fiestas y celebraciones, ahora preparamos nuestras mentes para iniciar el año 2014 transpirando una esperanza, que aunque sesgada por miedo o la incertidumbre, ha podido mantener viva esa fe inquebrantable que tenemos en el futuro.

Si bien la confianza es un factor intangible, que nadie ve, sus efectos en la sociedad son similares al del oxígeno en los pulmones, sin el cual no se puede respirar. Su escasez produce pánico y origina cambios bruscos en el sistema nervioso de una nación. En su ausencia los mercados se estremecen, provocando el enloquecimiento de las finanzas y creando un estado de crisis en la estabilidad macroeconómica.

Y será, sin dudas, la confianza en el presidente Danilo Medina, ese gran activo con el que contaremos para energizar nuestro espíritu, convirtiéndolo en un punto de partida excelente para empezar.

Los retos son grandes, empezando por la tarea que conlleva la definición de un paradigma económico que permita centrar sus metas en la generación de empleos y que encienda los motores de nuestras fuerzas productivas. El modelo de crecimiento basado en el aumento del gasto público y el endeudamiento externo está agotado y se hace necesario que el mismo de paso a un sistema menos gravoso, que concentre todos los esfuerzos en fortalecer los sectores productivos, de manera especial, la pequeña y mediana empresa y que reinvente el papel que debe jugar el gobierno en el desarrollo económico del país.

No podemos seguir sustentando el combate a la pobreza en el auspicio de una política clientelar y asistencialista desde el Estado. La erradicación de la pobreza solo es posible si hay fuentes de empleos. Por esa razón, los recursos que se dediquen a la generación de empleos de calidad deberán ir orientados a aquellos sectores que sean capaces de cumplir con esta meta fundamental para la economía.

El 2014 será, también, el escenario para que se produzca un salto cualitativo en lo que a educación se refiere. El sistema de tanda extendida tendrá sus resultados positivos a mediano plazo si se hace acompañar de cambios radicales en los contenidos y la metodología de la enseñanza. Esto a su vez, impactará de manera significativa en la formación de un nuevo ciudadano, consciente y preparado para enfrentar los retos que le impone la sociedad moderna.

El sistema eléctrico, que desde hace más de 50 años ha sido el dolor de cabeza de los gobiernos que ha tenido la República Dominicana, continuará en el 2014 drenando parte importante del presupuesto nacional. Se están dando pasos específicos para la reconversión del mismo. Sin embargo, hasta que no se produzca el reemplazo total de los parques generadores de alto consumo y no se establezcan nuevos parámetros para definir las ganancias que obtienen las empresas, el país seguirá sufriendo por esta calamidad.

En cuanto a la política monetaria, los gobiernos del PLD han logrado algo casi inexplicable y es el mantenimiento de la estabilidad de la moneda dominicana, a pesar de que la economía no termina de dar el salto que se necesita para orientar la producción hacia un mercado de exportación fuerte y diversificado. Continuar dependiendo de las remesas, zonas francas y turismo para alimentar de divisas la economía no parece sustentable hacia el futuro, por lo que significará un reto de gran envergadura empezar a crear las condiciones para promover un modelo de producción orientado al mercado internacional. En este aspecto faltaría todo por hacer.

El 2014 deberá ser el año en que se afiance y extienda la ejecución de algunos proyectos que, a nuestro juicio, le dan un perfil propio a la gestión del Presidente Danilo Medina, por su carácter de integralidad. Este es el caso de la Barquita, la construcción del complejo habitacional del lago Enriquillo y la construcción de la Ciudad Juan Bosch. Los fondos de pensiones serían una fuente excelente para el financiamiento de proyectos habitacionales donde el gobierno y el sector privado se involucren en una especie de sociedad inmobiliaria.

Son muchas las áreas que pudiéramos resaltar en este análisis, pero muy corto el espacio disponible para hacerlo. Sin embargo, no podemos terminar este artículo sin enumerar algunas acciones que necesariamente tienen que producirse en el 2014, a no ser que se quiera continuar con la política de hacer más de lo mismo.

El sistema de representación del país en el exterior tiene pasar por una profunda depuración e iniciarse a partir de ahí lo que debe ser la aplicación de un programa de reingeniería a gran escala. La política de seguridad ciudadana continua adoleciendo de su debilidad ancestral, que es la falta sistematicidad en su aplicación y la ausencia del elemento tecnológico que complementaría el sistema de vigilancia, como se ejemplifica con el uso de las cámaras de video y las demás modalidades que le acompañan.

Se necesita la implementación de un programa de garantías financieras para que las Pymes puedan acceder a la banca comercial privada. Establecer esa plataforma debería ser el rol de Banca Solidaria y no el de envolverse en acciones directas de préstamos. El sistema de salud pública debería acelerar el proceso de descentralización de sus servicios de atención primaria, con la construcción de más policlínicas. Y por último, si no es mucho pedir, el gobierno debería ir pensando en activar la construcción pública, continuar con los trabajos del metro y producir un aumento de salarios del sector estatal, como estrategia inmediata para activar la economía, que para principio de año aun parece rezagada.

Feliz año nuevo para todos!.

El autor es político, ex senador de la República.