Por Johnny Arrendel

En realidad, lo que se esperaba de Reinaldo Pared Pérez, era que se pronunciara de manera más firme contra la inercia que anquilosa las estructuras del Partido de la Liberación Dominicana.

Pared Pérez, secretario general del PLD, se mostró "apenado" por la decisión de exigir al menos diez años de militancia a los miembros que aspiren a un puesto en el Comité Central de la organización.

Reinaldo consideró "irracional", y como un obstáculo para el avance de la formación morada la aprobación en el plenario del Octavo Congreso Norge Botello de tal propuesta, que comparó con "un acto de barbarie".

Así, el portavoz morado expresa su rechazo a la actitud de las bases de poner freno a las aspiraciones que pudieran calificarse de extemporáneas.

Sin embargo, la raíz de esta problemática nunca fue confrontada por Pared Pérez ni por ningún otro dirigente nacional la propuesta nefasta de prolongar la investidura de los integrantes de la cúpula, en lugar de renovar los cuadros en el Congreso que discurre, como debería ser.

Fue en el plebiscito de 2011 que se sancionó esa propuesta, aunque la realidad es que su "aprobación mayoritaria" siempre ha sido objeto de duda por muchos dirigentes medios y de base, quienes testimonian que en sus organismos "no pasó".

Luego de asegurarse su inamovilidad en la dirección, los integrantes de los comités Político y Central dejaron caer como migaja la oferta de ampliar esos organismos en una cantidad de nuevos miembros a determinar posteriormente.

En efecto, se decidió ahora que el Comité Central pase de 400 a 550 titulares, más quienes ostenten la condición de legisladores. En tanto que el Comité Político, hasta ahora de 26 integrantes, tendrá 35 asientos a partir de la clausura del Congreso.

Aunque hilvana una historia de éxitos electorales desde 2004 a la fecha, el PLD arriesga su principal punto de fuerza frente a las entidades políticas con las que compite, en particular ante el Partido Revolucionario Dominicano: el control de calidad hacia la conformación de todos sus estamentos.

En algún momento, surgió la iniciativa nociva de salvaguardar la jerarquía de todo aquel peledeísta que escalara en la nomenclatura, lo que ha implicado desmontar y renunciar a poner en vigor los mecanismos de evaluación de desempeño de los dirigentes.

Además de creerse y hacer valer que estén sembrados en la dirección, los beneficiarios pretendieron impulsar las carreras políticas de advenedizos que en sus currículos partidistas solo cuentan con la propia influencia de sus patrocinadores, y por ende con suficientes recursos para promoverse.

Frente a un escenario de naturaleza tan onerosa, las bases han reaccionado en defensa propia, y por eso, con la oportunidad que les planteó la plenaria, imponen esta barrera que, en apariencia, bloquea a los jóvenes, pero en verdad significa el último reducto para colocar en primer plano la calidad dirigencial.