Nelson Encarnación

No sabemos si calificar de conservador o de irresponsable el silencio que han mantenido los partidos dominicanos frente a la embestida haitiana tras el fallo del Tribunal Constitucional que ordena enfrentar con seriedad el caos existente con la nacionalidad.

Pero lo cierto es que esa actitud de no fijar posición institucional respecto del problema, plantea un cuestionamiento profundo a las principales organizaciones, es decir, los partidos de la Liberación Dominicana, Revolucionario Dominicano y Reformista Social Cristiano.

Transcurrido ya un tiempo prudente, es hora de que la sociedad reclame a esas formaciones asumir un determinado papel de por lo menos analizar el problema y decir algo.

Lo que se intuye de ese comportamiento es que los partidos no quieren decantarse por ninguna de las posiciones atendiendo a cuestiones puramente circunstanciales de cara a los comicios de 2016, a partir del posible peso electoral que tendrían los haitianos cedulados, regular o falsamente.

Si tal fuese el cálculo, estaríamos en presencia de un pragmatismo absolutamente irresponsable y vulgar, pues de por medio se encuentra algo más importante y duradero que un mero certamen electoral.

Es cierto que los partidos con vocación de poder deben actuar en función de las variables que pudieran resultarles favorables o adversas en un momento determinado, y que eso implica inclusive sacrificarse para no afectar sus posibilidades electorales.

Sin embargo, esas teorizaciones son válidas si lo que se analiza es un conjunto de situaciones secundarias y no lo principal como es defender decisiones soberanas que, por demás, apuntan a un fortalecimiento o debilitamiento del interés nacional, según sea el resultado.

¿O es que los tres partidos principales no se sienten moralmente calificados para fijar posición sobre el problema, debido a que son ellos los culpables del desorden que ha padecido el país con la inmigración desordenada?

Me atrevo a afirmarlo con la mano sobre la Biblia, pues al haber dirigido el Estado en los últimos 50 años, los tres no se sienten con la suficiente fuerza para abordar el tema con seriedad y por ello prefieren ausentarse del debate.

Y es que el desorden comenzó con los gobiernos reformistas, muchos de cuyos funcionarios se asociaron con corruptos haitianos para traficar con braceros cañeros, continuando luego la misma complicidad en las administraciones del PRD.

En lo que se respecta al PLD, los tres gobiernos del doctor Leonel Fernández en nada difieren de los otros. Ahí está también la explicación del silencio.

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