La percepción de que la educación que se imparte en los colegios privados es de más calidad que la que se imparte en las escuelas públicas es un mito, por lo menos en el caso de República Dominicana.

Son malas las dos. Son de baja calidad las dos.

Los resultados obtenidos por los estudiantes en las pruebas nacionales demuestran que las diferencias entre estudiar en un colegio privado y una escuela pública no es estadísticamente significativa. El promedio de las calificaciones en las escuelas públicas es de 73.1 puntos y en los colegios privados de 74.9.

Para muestra basta un botón. El 75% de los colegios privados no alcanza el 50% de la calificación promedio en cuanto a profesionalización docente se refiere, mientras que solo un 39% satisface los criterios de infraestructuras y equipamiento.

En la actualidad la cobertura de los sistemas público y privado abarca unos 2, 685,216 estudiantes, de los cuales el 75% asiste a las escuelas públicas y el 25% a las privadas.

Una pequeña élite de centros privados, a los cuales asisten los estudiantes de clase alta y media alta, nos da la percepción de que la educación que se imparte en ese sector es de calidad superior. La realidad es que todo el sistema educativo necesita de una transformación total.

La materia prima que nutre la educación privada es la misma de la que se alimenta la pública. Profesores con pobre preparación académica y bajos salarios, graves deficiencias en las infraestructuras físicas, sobre población en las aulas, pésimo equipamiento de los laboratorios, si es que lo tienen, e inexistencias u obsolescencia de laboratorios de computadoras, entre muchos problemas por numerar.

El nuevo presupuesto asignado a la educación pública no solo es un requisito para elevar el número de la matrícula escolar a nivel de las clases pobres y marginadas, sino también la premisa básica de las cuales tenemos que partir para cumplir con uno de los compromisos a que está abocado el Estado, que es la formación de ciudadanos productivos y útiles al conglomerado social y al desarrollo del país.

Las decisiones que ha tomado el gobierno dominicano encaminadas a construir 10 mil aulas y cerca de 500 planteles escolares es un paso importantísimo hacia la solución de uno de los problemas más graves que es el de la sobrepoblación y hacinamiento de los estudiantes. Las 11 mil aulas que existen en las escuelas públicas alojan un promedio de 60 estudiantes por unidad, lo cual representa el primer agravio contra la calidad del proceso enseñanza aprendizaje. Se necesitan 30 mil aulas para cambiar esta situación.

La escuela pública debe empezar a jugar su rol. Una sociedad de profesionales capacitados, de científicos, de investigadores, de técnicos, de inventores, de humanistas, no se crea en las universidades, sino que se incuba en los cimientos de los niveles inicial y primario de la educación formal.

El 4% a la educación proporcionará recursos para empezar a romper con las limitaciones de infraestructuras que tiene la educación pública y dará paso a uno de los esquemas más efectivos para elevar la calidad de la educación que es el sistema de tanda extendida. Sin embargo, uno de los problemas más serios que actualmente enfrenta la educación en República Dominicana radica en la pobre calidad de la enseñanza, en el contenido desfasado de lo que se enseña y en la metodología basada en la recitación y la memorización gráfica con que se enseña, aspectos que necesariamente tendrán que ser redefinidos si queremos que la tanda extendida cumpla con el objetivo para la que está siendo creada.

Tenemos textos y guías con los cuales el docente trata de conducir el proceso de enseñanza-aprendizaje. Pero, lamentablemente no se está enseñando una de las habilidades básicas del cerebro humano: la capacidad de pensar y de crear.

Estamos sacando de nuestras aulas a recitadores de textos y repetidores de ideas y nos hemos olvidado que el producto más depurado que puede salir de ese proceso es aquel alumno que es capaz de aprender a aprender, de razonar, de entender lo que lee, de descifrar silogismos, de investigar, de encumbrar su pensamiento a las intangibles zonas de las matemáticas y las ciencias. Por eso, cuando llega el momento en que la universidad exige del uso de estas habilidades, la mayoría opta por desertar (el 70%) y los que no lo hacen terminan hacinados en el mundo de la mediocridad profesional.

No es una tarea sencilla cualificar y capacitar más de 70 mil maestros. Es por eso que la calidad del proceso de enseñanza aprendizaje debe orientarse a depender menos de lo que el maestro pueda enseñar y más de lo que el alumno pueda aprender. Los textos y la metodología de enseñanza tienen que ser la fuente y el canal hacia el autoaprendizaje del estudiante, sobre todo a partir de los niveles de educación básica.

El otro aspecto significativo que tiene que priorizar el Estado es el relativo a la gestión administrativa del sistema educativo. La descentralización aquí es una estrategia clave. Las comunidades tienen que asumir el rol de gestor y administrador de la escuela. Estableciendo Consejos o Juntas directivas, compuestos por representantes de las asociaciones de padres, de las organizaciones comunitarias, de los empresarios, de las iglesias, se puede iniciar el establecimiento de un esquema de administración autogestionaria de las escuelas públicas, en el cual la autoridad para evaluar la calidad del proceso enseñanza-aprendizaje, contratar o cancelar a los directores, al personal de apoyo y al cuerpo docente recaiga en esta instancia de control y supervisión.

De esta manera se logran varios objetivos. Por un lado, se rompe con el clientelismo y la politiquería que han acompañado desde siempre los nombramientos y cancelaciones en el sector educativo; por otro lado, se abre un escenario de compromiso y colaboración directos de la comunidad con la escuela, lo cual representa una descarga en las responsabilidades de las autoridades superiores; por último, este esquema de gestión le permite al Ministerio de Educación concentrarse en la planificación, supervisión y evaluación del sistema a escala general.

En la mayoría de las naciones desarrolladas la escuela pública tiene entre el 80 y el 90 % de la matrícula estudiantil. Si hay algo que se puede destacar es la importancia que el Estado le da en esos países a la educación. Los niveles de calidad de la enseñanza pública convierten a países como Corea del Sur, que hace 40 años era tan pobre como era la República Dominicana, en uno de los mayores productores de patentes de inventos en el mundo con 624 mil, por encima del Reino Unido y de Alemania.

El énfasis en la educación pública de calidad ha hecho que China Popular ya cuente con 828 mil patentes y que Estados Unidos, el líder mundial, cuente con 1.8 millones. Todos ellos apostaron a la educación y hoy la educación les ha devuelto resultados espectaculares.

¿Por qué no hacerlo en República Dominicana?

Escrito por:

José Tomas Pérez

El autor es miembro del Comité Político del PLD.

@josetomasperezv