Por Manuel NÚÑEZ Asencio

En este pequeño poblado de Punta Cana y Bávaro donde se han perdido todos los signos de la identidad comienza a renacer la conciencia nacional. Aquí donde las inversiones millonarias, las grandes avenidas, los jardines, las playas fabulosas, han fabricado un paraíso para las clases opulentas del mundo, los dominicanos viven situaciones infernales. Aquí donde todo es dulzura, nadie puede imaginarse que la vida pudiera ser tan amarga para los dominicanos. En medio de toda esa belleza, los dominicanos han sido excluidos como en ningún otro lugar del mundo: excluidos de todas las posibilidades de trabajar. Excluidos de los servicios de salud, excluidos del derecho a vivir. Aterrorizados. Sometidos por una población extranjera que se ha establecido aquí, ilegalmente, sin consideraciones de ningún tipo.

Aquí se han invertido completamente los papeles. Verón- Punta Cana es un poblado de mayoría haitiana. No son inmigrantes; son colonizadores. Se pasean en sus motos petulantes, engreídos, con una arrogancia que insulta. Porque son los únicos que están produciendo. Los únicos que se benefician del yacimiento de empleo creado por las grandes obras turísticas, por el servicio de los hoteles y por las grandes avenidas que construye la empresa brasileña ODEBRECHT. En el Hoyo de Friusa, en Mata Mosquitos, en Kosovo, en Villa Esperanza estamos ante la mayor proporción de haitianos de todo el país. Predominan en todos los oficios: en el aeropuerto, en las obras, en las playas, en el motoconcho, en la artesanía. Por el monto de las inversiones, se puede decir que es éste el único lugar del país, donde verdaderamente hay pleno empleo... ¡pero, para los haitianos!.

Aquí es un requisito ser extranjero para conseguir trabajo. Todos los dominicanos que realicen actividades que puedan competir con los oficios de esta población de bravucones y envalentonados son obligados a marcharse. Los que aquí permanecen han tenido que agruparse: collaleros, boyeros, electricistas, plomeros... Cabe aquí la expresión que se dijo cuando perdimos la porción occidental de la isla a manos de los franceses: ¡Se perdió Bayajá!

Al ver la catástrofe, podemos observar que hemos perdido nuestra libertad como Estado, porque esta barbarie sucede ante los ojos de las autoridades. ¡Y nadie hace nada! Que hemos perdido nuestra libertad como nación, porque los dominicanos ya no tienen el control de su destino.

Estamos luchando contra un enemigo interior que nos desacredita. Nos extorsiona. Nos insulta. Nos somete a Cortes Internacionales. Nos humilla. Nos amenaza. Un enemigo interior que emplea todas las palabras que destruyen nuestra capacidad para unirnos. Que emplea toda su dialéctica mentirosa para que ni siquiera podamos cumplir con nuestras propias leyes.

Combatimos a un enemigo con muchos rostros que manipula a la opinión pública. Que se ha alojado como una célula maligna en la prensa, en los ministerios, en la universidad. Que quiere destruir nuestra cohesión nacional. Que proclama que los únicos que tienen derecho a vivir en Verón-Punta Cana, a disfrutar de los empleos, del bienestar, del sol, de las playas y de la belleza de este lugar incomparable son los indocumentados que han colonizado el territorio.

En todo el país, cada doce minutos nace un niño haitiano. El año pasado nacieron 43.852 niños haitianos en los hospitales dominicanos, el equivalente de toda la población de Pedernales. En Verón- Punta Cana sólo nacen haitianos. En la maternidad y en el Policlínico, el que distribuye los tickets es haitiano, los médicos son haitianos, los pacientes son haitianos. Los dominicanos, sólo consiguen un ticket si los haitianos se compadecen. No conozco ningún ejemplo mayor de discriminación al dominicano. He oído toda clase de historias picarescas. Son tantas las haitianas parturientas que algunas, prácticamente, en labores de parto se colocan a las puertas del Hospiten, y cuando rompen las aguas, hay que atenderlas obligatoriamente. ¡Y, ay, del centro privado que se niegue, exigiéndole pago, seguro médico o cualquier otra forma de indemnización!. Porque hay una ONG preparada para denunciarlo internacionalmente y despedazar su reputación. Si eso no es chantaje, ¿qué es, entonces, el chantaje?

¿Cuál será el porvenir del país de mantener, indefinidamente, situaciones como estas? ¿Es que hemos perdido, definitivamente, el control de nuestro destino, que nos hemos desviado del rumbo nacional? ¿Es que nos hemos olvidado de nuestra población? ¿Es que los políticos que hemos elegido para que nos gobiernen y organicen el país están desconectados de la realidad que vivimos los dominicanos? ¿Es que no tienen ojos para ver ni oídos para oír? La ideología antinacional, el desprecio por lo que hemos sido, de una porción pequeña pero tenaz de nuestra prensa, les ha provocado esta espantosa ceguera.

Esta insensibilidad, esta indiferencia por el destino de los dominicanos que como una roca han resistido el odio a la nación, la extorsión, la presión, la burla, la puñalada trapera, la injuria, la insolencia, la falta de porvenir y han permanecido aquí pese a todo, resistiendo como una roca. Aquí, en Verón- Punta Cana, rechazamos que el país muera para satisfacer toda la verborrea de aquellos que nos han satanizado. Ayer, cuando reclamábamos que los dominicanos tuviésemos el control de los yacimientos de empleos que país produce y el control de los servicios, nos acusaban de ser adeptos del trujillismo, de xenófobos y de todas las barbaridades de su vertedero ideológico.

A nosotros no nos asusta su guerra psicológica. Nosotros no somos antihaitianos. Pero para demostrarlo no vamos a hundir a la República Dominicana. No tenemos ninguna animadversión ni ningún sentimiento de xenofobia contra ningún extranjero. Creemos rotundamente que los haitianos tienen derecho a la salud, al empleo; tienen derecho a tener documentos de identidad, a educar a sus hijos, a la seguridad social, y a todas las cosas que cualquier ser humano sueña. Pero esos derechos los tienen en su país; no en el nuestro. Aquí deben sujetarse a las leyes de extranjería. Y, sobre todo, no podemos quitarle esos derechos al dominicano para dárselo al haitiano. La República Dominicana no es un derecho humano que los extranjeros puedan repartirse como una piñata. Los haitianos saben que están robando un derecho que no les pertenece. Nosotros no podemos esperar que los problemas de Haití se resuelvan para que el Gobierno dominicano, comience a resolver los nuestros.

¿Cuál es la finalidad de mantener una inmensa masa de haitianos deambulando por las calles, pidiendo en las esquinas, molestando a los turistas en las playas e ideando todas clases engañifas para introducirse en el registro civil? ¿Dónde está el sentido de la autoridad, de la responsabilidad y del respeto al pasado? Cada año 125.000 jóvenes dominicanos buscan su primer empleo, y nosotros continuamos, observando pasivamente, la extinción de los medios de supervivencia de los dominicanos. ¿Qué culpa estamos pagando para ser privados de los empleos, de los hospitales, de los servicios, del bienestar, con la bendición de los empresarios, de la prensa y de los políticos e incluso de una porción de la Iglesia? ¿Quién dijo que las políticas y las actitudes que deba asumir el Gobierno sean las de reprimir, insultar y contarles mentiras a los dominicanos? Cada vez que se presenta un problema de esta índole, aparece un "experto" que se inventa una política de comunicación para enmascarar la realidad. Toda esa verborrea de los comunicadores a sueldo y de los picos de oro no han servido para evitar nuestra desgracia, la que estamos viviendo aquí y ahora.

Aquí, en Verón-Punta Cana, hemos encontrado el camino que quiere seguir el pueblo dominicano. Hemos venido aquí para restaurarles la dignidad a los dominicanos. Para decirles que no están solos. Que en todo el país, hay un movimiento social que se está levantando. El camino de su independencia, de su soberanía, de la convivencia en paz con el vecino haitiano, ellos allá y nosotros aquí. En Verón-Punta Cana hemos descubierto los intereses generales de todos los dominicanos. Más allá de los partidos, de las iglesias, de las desilusiones, de las incompetencias de los dirigentes nacionales, de su falta de coraje y de patriotismo, de su falta de probidad, del abandono, de la derrota, de la decadencia de todos los ideales. El país no puede sucumbir ante un enclave extranjero que se ha fraguado para humillar a sus habitantes. Aún no hemos perdido la capacidad de creer en nosotros mismos. Porque queremos preservar la paz, el trabajo, la justicia y porque tenemos derecho a ese sueño y a la esperanza.

Con la palabrería del Centro Bonó y de los jesuitas no se elimina la importación del SIDA, de la filariasis, de la malaria, de la tuberculosis y del cólera, con las habladurías del Padre Hartley y las parrafadas del ejército de ONG prohaitianas no se le devuelve el bienestar, los empleos y la tranquilidad a los dominicanos que resisten en Verón-Punta Cana. ¡Honor a todos los que participan en esta marcha! Honor a los Trinitarios que siendo apenas 9 hombres, con un país ocupado por los haitianos, dirigido por los haitianos, sobrevivió a todos sus abusos y atropellos, y logró su Independencia nacional en 1844. ¡Honor por siempre, a esos dominicanos sagrados! ¡Viva la República Dominicana! ¡Viva, Verón-Punta Cana sobre cuya roca volveremos a edificar la Independencia que nos devuelva los empleos, la salud, la educación, la tranquilidad, la seguridad y el derecho a la esperanza

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