Haber tenido la oportunidad de recibir una semana de docencia con el ex magistrado del tribunal constitucional colombiano, don Carlos Gaviria Díaz, ha sido una experiencia extraordinaria, enriquecedora y provechosa, una maestría en sí misma, tanto por la profundidad intelectual del ilustre jurista, como por su estilo didáctico sencillo y ameno.

El maestro Gaviria ha dedicado más de cuarenta años a la educación, a la docencia, "mi real vocación", dice con frecuencia, cosa que se puede apreciar en la forma en que expresa cada idea en el escenario académico.

La paciencia, la tolerancia y la elocuencia racional, pausada y certera empleada por éste gran jurista, filósofo e intelectual colombiano, hacían que las discrepancias e inquietudes planteadas por los estudiantes, no fueran más que una oportunidad, un acicate adicional para que el maestro profundizara las ideas y los distintos enfoques que se suscitan sobre los temas constitucionales y políticos más controversiales.

Para responder las dudas y las ideas contrarias a las suyas surgidas en el aula, éste auténtico maestro, en interés del aprendizaje de los alumnos, casi siempre acudía a los grandes filósofos griegos y romanos para hilvanar un orden de ideas que concluía generalmente con las posiciones más actualizadas y modernas sobre problemas tan controvertidos como el del aborto, el de la libertad de expresión, el de la libertad individual, el de la eutanasia, o el de la despenalización del consumo de drogas en Colombia.

El dominio acabado de las obras clásicas de los filósofos griegos, (y de la vida y el pensamiento de Sócrates recogido en los Diálogos de Platón), a muchos nos convenció de que al tiempo que se estaba en presencia de un gran maestro del derecho, escuchábamos también a un erudito, a un sabio capaz de citar igualmente obras, capítulos y frases de teólogos y doctrinarios eclesiásticos como Santo Tomás de Aquino con una facilidad y naturalidad admirables.

Particularmente, el autor de estas cuartillas no sabría decir sobre cual disciplina el maestro Carlos Gaviria es más versado: si sobre literatura y filosofía griega, sobre los autores romanos, o sobre los autores clásicos y contemporáneos de la literatura política y jurídica.

Pero el torrente de conocimientos exhibido por el cultísimo intelectual y académico colombiano no termina en las referidas disciplinas del pensamiento: "me encanta la poesía", repetía también en clases.

Y es que precisamente, una muestra de su prodigiosa memoria y de su amor por este género literario, la ofreció el último día de docencia que compartimos con él, cuando luego de responder una inquietud nuestra recitó apasionadamente, y por completo, una hermosísima poesía colombiana: "Camino de la Patria", del poeta colombiano Carlos Castro Saavedra.

Mi interrogante fue ¿ por qué entendía él que Gabriel García Márquez se había ido a residir tanto tiempo fuera de su país, Colombia?. Su respuesta fue que en una ocasión, en Colombia, se trató de vincular al autor de Cien Años de Soledad con la guerrilla de ese país, lo cual a su entender fue determinante para que el Gabo, indignado, se radicara definitivamente en un país distinto al suyo.

Ciertamente, la profunda y hermosa poesía "Camino de la Patria", recitada por el maestro Gaviria a sus alumnos dominicanos, constituye una lección verdaderamente trascendental sobre lo que debe entenderse por "patria", a la luz del concepto de género humano. A continuación compartimos la poesía con nuestros amables lectores:

Cuando se pueda andar por las aldeas y los pueblos sin ángel de la guarda.

Cuando sean más claros los caminos y brillen más las vidas que las armas.

Cuando sean más frescas las cascadas y las flores fulminen los fusiles.

Cuando los tejedores de sudarios oigan llorar a Dios entre sus almas.

Cuando en el trigo nazcan amapolas y nadie diga que la tierra sangra.

Cuando la sombra que hacen las banderas sea una sombra honesta y no una charca.

Cuando la espada que usa la justicia aunque desnuda se conserve casta.

Cuando reyes y siervos junto al fuego, fuego sean de amor y de esperanza.

Cuando el pueblo se encuentre y con sus manos teja él mismo sus sueños y su manta.

Cuando de noche grupos de fusiles no despierten al hijo con su habla.

Cuando al mirar la madre no se sienta dolor en la mirada y en el alma.

Cuando por cada madre muerta nazca en la floresta azul un gran lucero.

Cuando en lugar de sangre por el campo corran caballos, flores por el agua.

Cuando la paz recobre su paloma y acudan los vecinos a mirarla.

Cuando deje la paz de ser fulana y se asemeje nada más que al pan.

Cuando el amor sacuda las cadenas y le nazcan dos alas en la espalda.

¡Solo en aquella hora, solo entonces, podrá el hombre decir que tiene patria!.

Quienes tuvimos la ocasión de aprovechar las cátedras de don Carlos Gaviria Díaz, nos hemos sentido regocijados por la excelencia académica exhibida por este auténtico maestro, por este erudito que enseña derecho, filosofía, literatura, historia, humidades, sin hacer ostentación de su vastísima cultura, y haciendo galas de la bien ganada fama del pueblo colombiano: el correcto dominio expresivo del idioma español.

No me resta más que agradecer a la Universidad Iberoamericana (UNIBE), y a su coordinador, doctor Cristóbal Rodríguez Gómez, por posibilitar que un expositor de la calidad y de la estirpe de don Carlos Gaviria Díaz, haya venido al país a ilustrar sobre tantos temas a quienes cursamos la Maestría en Derecho Constitucional en el referido centro de estudios superiores.