Frei Betto

Querido nieto: Desde aquí, desde las alturas celestiales, miro espantada y sorprendida los cambios en el Brasil. Nunca pensé que esa muchachada fuera a cambiar las canciones por las calles, el consumismo por las protestas, la democracia delegativa por la democracia participativa.

Cual niños de pantalón corto, el gobierno federal y el Congreso dieron inicio al debate y aprobación de cuestiones engavetadas hace décadas: reforma política, proyecto que clasifica las prácticas de corrupción activa y pasiva como crimen horrible, voto secreto, exigencia de hoja limpia para los funcionarios del legislativo, 75% de los royalties del pre-sal para la educación y 25% para la salud. El proyecto sobre la Cura Gay fue archivado, así como la PEC 37. El diálogo con los movimientos sociales deberá iniciarse. Y los gobiernos de los estados y los alcaldes reducirían las tarifas de los transportes públicos.

Como los viejos zorros de la política brasileña no llevan la vergüenza en la cara, adoptaron el pase libre en los reactores de la FAB y embarcaron a parientes y amigos rumbo a las fiestas de casamientos y juegos de futbol. Tuvieron que reponer las arcas públicas y ahora espero que haya transparencia en el uso de aviones pertenecientes al poder público.

Los campeones de aprobación en investigaciones de opinión pública se enmarañaron y hay confusión en el juego electoral del 2014.

Espero que esa juventud tan atrevida no se quede sólo en las protestas sino que plantee también propuestas, proyectos, programas. E invente cauces políticos para revolucionar el país, de modo que se perfeccione la democracia participativa.

Se engañan los partidos si piensan que son los únicos cauces políticos. Democracia no es sinónimo de partidocracia. Es gobierno del pueblo, para el pueblo, con el pueblo. Y eso es lo que demuestran las calles: el ansia de un gobierno que sirva al pueblo y atienda sus justas reivindicaciones, y no a los intereses del agronegocio y del capital financiero. Que lleve a cabo finalmente la reforma agraria, sin la cual el Brasil digno y libre no verá la luz.

Es preciso organizar la esperanza. Volver a esa muchachada viciada de utopía, como sucedió con la generación que tenía 20 años en la década de 1960. Ustedes no querían cambiar el cabello, la moda y la sexualidad solamente. Querían cambiar el país y el mundo. Para bien o para mal, toda realidad es producto de sueños.

Le pido al buen Dios no permita que esa juventud que llenó las calles del Brasil se deje abatir por el cansancio, la decepción o la desesperanza. Espero que no sea absorbida por el sistema, como sucedió con la izquierda europea después de la caída del muro de Berlín, ni por el pragmatismo de la llamada gobernabilidad, que llevó a los partidos progresistas del Brasil a engancharse al caciquismo de los viejos zorros que todavía hoy hacen de la política su propio gallinero.

Mi esperanza es que la reforma política venga a jubilar a todos esos arribistas que nunca gobernaron en defensa de los derechos de los pobres y a cambiar todas esas instituciones que les garantizan inmunidad e impunidad.

Bendiciones de tu abuela Zina.

Frei Betto es escritor, autor de "Lo que la vida me enseñó", entre otros libros.

www.freibetto.org twitter:@freibetto.

Copyright 2013 ? Frei Betto - No es permitida la reproducción de este artículo por cualquier medio, electrónico o impreso, sin autorización. Le invitamos a que se suscriba a todos los artículos de Frei Betto; de este modo usted los recibirá directamente en su correo electrónico. Contacto ? MHPAL ? Agência Literária (mhpal@terra.com.br)

Traducción de J.L.Burguet