Por José Tomás Pérez*

Cuando Carlos Marx escribió su famosa obra "La Miseria de la Filosofía" en 1847, en respuesta al voluminoso libro del filósofo y economista francés Pierre-Joseph Proudhon, titulado "La Filosofía de la Miseria", anticipaba estar sentando las bases para estudiar de manera científica el origen de la generación de la riqueza capitalista al tiempo que descifraba el verdadero origen de la enajenación y de la pobreza del trabajador.

Fue un debate acerca de los aspectos fundamentales del valor de uso del producto, su valor de cambio, la fuerza de trabajo y la producción de plusvalía, como elementos característicos y determinantes del nuevo capitalismo maquinista-industrial que se erigía en Inglaterra. La Miseria de la Filosofía se orientó a auscultar la relación entre estos elementos para culminar en la explicación racional y científica del fenómeno de la enajenación y explotación de la fuerza de trabajo y su producto más directo, la pobreza.

En la economía moderna la relación entre estos factores no es tan visible como lo fue en esa primera fase del capitalismo industrial, pues los avances de la tecnología y la automatización de la producción han ocultado la relación entre trabajo y valor de cambio o precio del producto, haciendo que el estudio de la miseria y la pobreza, como subproductos del sistema capitalista, se desdoble en factores que están ligados tanto al modo de producción como a elementos supra estructurales, localizados fuera del contexto de la producción en la fábrica.

La primera causa de pobreza de un país es su economía. Si esta no produce empleos, si no genera riqueza, si es atrasada e ineficiente, si es poco competitiva, si su aparato productivo es incompetente para dar respuesta a los problemas de abastecimiento del mercado, entonces es una economía incapaz de sacar a una sociedad de la pobreza y el subdesarrollo. Estos son los factores infraestructurales de la pobreza.

Sin embargo, nuestro interés en este artículo es analizar el impacto de los factores supra estructurales, que son los que más directamente se vinculan a la capacidad y voluntad del Estado de formular el entramado teórico, la filosofía, podríamos decir, que explique y que al mismo tiempo, proponga una política correctiva de ese ambiente de pobreza extrema que hoy se incrusta dentro de las sociedades subdesarrolladas y que se expresa en el estado de indigencia absoluta que viven los hombres y mujeres en nuestros campos y en aquellos barrios que componen los cinturones de miseria.

Nos referimos a la pobreza que es miseria, esa que incapacita todo esfuerzo de superación, esa que se siente en los huesos, que duele en el estómago, la que en nuestro país padece el 20% de la población, la miseria de los marginados.

La miseria es un escalón que se ubica más abajo de la pobreza. La pobreza es enajenante, pero aun así da espacio para que se pueda salir de ella. La miseria incapacita e inhabilita al que la padece. Los obreros, los chiriperos, los microempresarios son pobres. Pero los que viven en el desamparo del río Ozama, en las aguas residuales, en los lodazales del campo son más que pobres, son miserables.

Entre algunas de las causas que se han establecido como determinantes de este tipo de pobreza, se pueden mencionar la errática política económica de los malos gobiernos, que en muchos casos ha provocado grandes ruinas en la población, los pésimos administradores, la falta de escuelas y la pobre educación, el asistencialismo sin metas ni propósitos, la corrupción, la falta de planes de desarrollo, el desempleo, la escasez de recursos, las crisis económicas y financieras de los países, la enajenación espiritual de la sociedad. Es una lista de interminable de factores supra estructurales.

Los recursos de los que puede disponer el Estado en un país pobre como la República Dominicana son muy limitados. Por lo tanto, al enfocar la lucha contra la pobreza los gobiernos tienen que evaluar el real alcance de sus fuerzas y el tiempo que les queda disponible, para poder focalizar sus esfuerzos en combatir de manera prioritaria la miseria de los marginados. Pretender acabar con la pobreza sin antes sacar a la gente de esa situación es como taparse los ojos para no ver el día.

No pretendemos que se excluyan otros sectores necesitados de los planes de auxilio del Estado, sino que se concentre el mayor esfuerzo en liberar a los marginados de la invalidarte situación en que se encuentran. El ejemplo de proyectos como el de La Barquita y la reubicación de los afectados por el crecimiento del Lago Enriquillo, trazan una línea de acción clara de lo que tiene que hacer un gobierno para lanzar su lucha contra la pobreza desde el escalón más bajo, que es la miseria. El saneamiento del hábitat en que vive esa gente es el primer paso hacia la superación.

La República Dominicana, ha avanzado de manera sorprendente en el desarrollo de una infraestructura física que en poco tiempo ha cambiado la fachada de algunas de sus principales ciudades. Ingentes recursos del Estado se han utilizado para que fuera posible. Eso no ha estado mal.

Pero creemos que ahora es el turno de los marginados. Brasil ha hecho un gran esfuerzo por sacar a millones de ellos de la miseria. Los ha habilitado y lo ha puesto a producir. Ellos a su vez han permitido un crecimiento gigantesco de la economía y de los mercados al convertirse en consumidores. Esa historia ya la conocemos todos por lo que no hay que reinventar nada.

Este IV gobierno del PLD ha elaborado y tiene en sus manos la respuesta que la sociedad necesita para eliminar los grandes cordones de la miseria. Se espera que sus esfuerzos se encaminen a establecer un escenario que vaya más allá de aquella concepción simplista e ingenua que formulara P.J. Proudhon en su Filosofía de la Miseria y que con fuerza implacable atacara y destruyera al gran pensador alemán Carlos Marx, colocando en el lugar exacto el verdadero origen de la pobreza.

¿Habrá llegado el momento de que el Gobierno dominicano formule una nueva concepción filosófica del combate contra la pobreza extrema, la cual sirva de marco teórico para la implementación de las políticas y estrategias que permitan desterrar para siempre esa fuente oprobio y enajenación humana?

Escrito por:

*José Tomas Pérez.

El autor es político, ex senador de la República Dominicana.