Por: Dr. Jaime Antonio Marizán*,

La sabia anciana Rabiya se encontraba buscando algo en la calle frente a su choza. Como era muy querida, todos se acercaron y le preguntaron qué buscaba.

"Perdí mi aguja", dijo ella. Y todos la ayudaron a buscarla.

Luego de mucho buscar, alguien le preguntó: "Rabiya, la calle es larga, pronto no habrá luz. Una aguja es algo muy pequeño, ¿dinos exactamente dónde se te cayó?".

"Dentro de mi casa", dijo Rabiya.

"¿Te has vuelto loca?. Si fue dentro de tu casa, ¿por qué la buscas aquí afuera?".

Rabiya respondió: "Porque aquí hay luz, dentro de la casa no hay".

Entonces ellos le dijeron: "Pero aun habiendo luz, ¿cómo podremos encontrar la aguja si no es aquí donde la has perdido?. Lo correcto sería llevar una lámpara a la casa y buscar allí la aguja".

Y Rabiya sonriendo dijo: "Son muy inteligentes para las cosas pequeñas, ¿cuándo van a utilizar esta inteligencia para la vida interior?. Los he visto a todos buscando afuera la Felicidad, pero yo sé perfectamente bien, por mi propia experiencia, que lo que tanto buscan afuera, está dentro de ustedes mismos. Usen su inteligencia, ¿por qué buscan la felicidad en el mundo externo? ¿Acaso la han perdido allí?".

Como los conciudadanos de Rabiya, con el tema de la delincuencia, hemos estado buscando en lugares incorrectos, y por eso ahora la situación se ha ido de las manos ante un aumento indiscriminado de este mal.

Últimamente, desde el Presidente de la República, funcionarios, legisladores e instituciones de la sociedad civil, han externado una gran preocupación por el tema de las penas que se le imponen a los delincuentes jóvenes, así como con todo lo relacionado con el Código del Menor.

Unos están de acuerdo con endurecer las penas, otros indican que con el nuevo código procesal penal los delincuentes encuentran la forma de salir más rápidamente de prisión y algunos señalan que el nuevo código ha sido un fracaso, una pérdida de tiempo, esfuerzo y dinero y que debemos adentrarnos en el diseño de un nuevo código o reformar el presente.

El problema es que muchas veces tomamos estos asuntos por las ramas, buscamos en el lugar incorrecto, creemos que las causas del aumento de la delincuencia juvenil residen en el nuevo código, o en que se sueltan con facilidad los delincuentes o que las penas son muy suaves y hay que endurecerlas.

Sin embargo, para saber las causas del aumento de la delincuencia es necesario conocer la vida de los muchachos y muchachas delincuentes, hay que sentarse con ellos, escuchar lo que les ha pasado, cómo han sido rechazados por sus padres, cómo han sido abusados, maltratados, marginados, son hijos de padres irresponsables, dejaron de asistir a la escuela, desde temprano fueron iniciados en el mundo de las drogas y no han tenido oportunidades para superarse, su estima personal es un desastre, no se valoran a sí mismos y por ende la vida y los bienes de los demás.

¿Cómo puede aspirarse a un descenso de la delincuencia cuando no estamos trabajando las causas que la promueven?. Es una total ilusión pensar que un código, penas más fuertes y otras acciones legales pueden disminuir el mal, porque sus causas permanecerían intactas, y por nuestra ignorancia, creciendo cada día.

¿Queremos que los índices de delincuencia juvenil desciendan?. Entonces hay que tener menos embarazos adolescentes, hay que vigilar muy de cerca la deserción escolar, se necesita comenzar a educar en valores, formar padres y madres responsables, ofrecer más oportunidades a los jóvenes, levantar su autoestima.

El problema es que el debate actual anda por las ramas, cuando las raíces del mal se extienden peligrosamente en todos los estratos sociales.

La solución no la hallaremos a corto plazo, es un asunto que lleva tiempo. Lo primero es despertar a la realidad, conocer qué está pasando con los jóvenes, acercarnos a ellos, sólo así sabremos de sus desventuras y estaremos en condiciones de ayudarles a regenerar sus vidas y prevenir males futuros.

Cualquier persona o funcionario que quiera saber exactamente las causas del problema, sólo tiene que solicitar que se elaboren perfiles psicológicos de los jóvenes delincuentes, allí se encontrará mucho material para elaborar planes y programas que efectivamente disminuyan la delincuencia. Pero hay que acercarse al problema, profundizar en su estudio, en vez de querer perder más tiempo con nuevos códigos o endureciendo las penas.

Nunca las penas o la represión han sido soluciones reales y duraderas, incluso en los países en donde existe la pena de muerte, hay delincuencia en aumento, una persona que ha perdido sus valores no teme al castigo corporal. Por eso es necesario trabajar las causas del problema y los elementos para comenzar los tenemos, sólo es un asunto de desarrollar planes efectivos que promuevan una sociedad más sana.

Busquemos en el lugar correcto, acerquémonos a donde se encuentra la raíz del problema y trabajemos para construir una sociedad más justa, con más oportunidades para todos, en donde los jóvenes sientan que pueden ser útiles y puedan aportar a un mejor país.

Jaime Antonio Marizán*,

Director Ejecutivo Consejo Regional de Desarrollo (CRD), Abogado,

Economista y Experto en Planificación y Desarrollo. Correo: crdnordeste@yahoo.es, Tel. 809-244.5496.