Johnny Arrendel

No creo que a la imagen del gobierno le sea favorable promover otro año con medidas extremas de austeridad en el gasto público.

Por un lado está el efecto multiplicador de la inversión del Estado, ya que esos recursos catalizan el movimiento de capitales entre suplidores de bienes y servicios, y multiplican los puestos de trabajo.

Vemos como cambió el panorama a principios de la semana pasada, cuando analistas vislumbraban con pesimismo la economía dominicana, pero el gobierno respondió con destinar nueve mil millones al gasto para dinamizar el sector de la construcción.

Por otro lado está el asunto de la percepción: Danilo Medina correría el riesgo de que su gestión siembre la idea de que no da espacios para la alegría, expresada en fiestas populares e institucionales.

Si a inicios de este periodo se diagnosticó una grave situación en las finanzas públicas, caracterizada por un pronunciado déficit fiscal, se comprende que se restringiera cualquier tipo de gasto no perentorio.

Sobre todo, tras hacer este anuncio de incremento de la inversión pública, de que se colocaran bonos soberanos, se liberaran 20 mil millones de pesos del encaje legal y se lograra una renegociación del contrato con la minera Barrick Gold.

Hoy en día se considera que el estado de salud no solo es la ausencia de enfermedades, sino cuando un individuo o sociedad disfrutan de un estado de bienestar, es decir, de alta calidad de vida.

Es decir, que la sociedad requiere que sus miembros tengan atenciones médicas adecuadas, buena alimentación, vivienda digna, educación, trabajo, ropa y calzados, transporte, pero también diversión y recreación.

La eliminación total de las fiestas y actividades recreativas en las entidades públicas fue una mala señal que no debe mantenerse, aunque en lo adelante se establezcan y respeten reglas claras para mantener la racionalidad en el gastos y que no se incurra en excesos.

Durante la pasada temporada de fin de año, se sintió la ausencia de un verdadero espíritu navideño, con lo que se transigió con una de las tradiciones arraigadas en la cultura dominicana.

De esta manera, no solo las orquestas, humoristas y otros artistas se vieron afectados, sino sus empleados de oficina, animadores, sonidistas, choferes, camareros, suplidores de alimentos y bebidas, y toda una cadena de sectores involucrados en el mundo del espectáculo.

Hasta los payasos, y actores que encarnan personajes animados, y a Santa Claus y Los Reyes Magos, disminuyeron sus picoteos porque entidades ni siquiera realizaron ceremonias de encendido de sus arbolitos de Navidad

En cuanto al ejercicio de la comunicación, este año ha sido de los más difíciles que recuerden los productores de programas informativos y de opinión, así como quienes sustentan publicaciones independientes impresas o en la web.

Por todo esto, se comprende que no caen nada bien las declaraciones del director de Presupuesto Luis Reyes, de que el gobierno se propone implementar durante un año más las duras restricciones en el gasto.