Por Dr. Ysócrates Andrés Peña Reyes*

Sin lugar a dudas el derecho al trabajo es uno de los más esenciales para la supervivencia del hombre y la mujer, no sólo por su rol primordial en la solución de sus necesidades básicas, sino también por ser un factor determinante para la real conquista de su promoción y desarrollo como seres humanos.

Para que un país con el nivel de pobreza y atraso social que evidencia la República Dominicana pueda consolidar este derecho y hacer del mismo una realidad palpable, debe proponerse en primer término la verdadera unificación de sus diferentes liderazgos y entidades, y en segundo término, hacer prevalecer en éstos la sabiduría e inteligencia que hagan posible erradicar el caos producido por la centralización y la falta de planificación aupado por el predominio en nuestra sociedad del sectarismo, el grupismo y el egocentrismo.

Es precisamente, mediante la conjunción de esfuerzos y una verdadera vocación altruista, que podremos alcanzar niveles de distribución de la riqueza que nos facilite ostentar un desarrollo en donde la justicia y la equidad social prime por encima de las apetencias personales y grupales cuando son desmedidas e irracionales.

En este rumbo propuesto, todas las instituciones deben jugar su rol y deben revisarse sin excepción, en razón de que, sí bien es cierto que nuestras entidades políticas se muestran muy débiles y frágiles, también de esta situación no escapan las entidades que conforman la llamada sociedad civil, las cuales carecen de sólidas estructuras y la preparación adecuada de sus recursos humanos para convertirse columnas esenciales del desarrollo nacional.

Sólo tomando estas iniciativas haremos del derecho al trabajo algo serio y posible, al convertirlo en una realidad y meta alcanzable para la mayoría de los componentes de la sociedad dominicana, erradicando al mismo tiempo las consecuencias negativas que nos han dejado las inejecutables ofertas y promesas de nuestras entidades políticas destinadas a ganar votos y adeptos, sin contar con los soportes que hagan viable su cumplimiento.

El referido objetivo, el cual estamos obligados alcanzar, urge y reclama a los más afortunados por las grandes riquezas materiales, a pensar que esta es la mejor alternativa a seguir, ya que, si miran hacia sus propias familias y dentro de ellas a sus hijos, sentirán y palparán que los mismos son víctimas de la angustia y la frustración social, por convivir en un entorno que les urge a llenarse de una mayor fe y esperanza en su presente y en su porvenir.

La más eficaz fórmula que tenemos para combatir la falta de empleo y los problemas sociales que generan en nuestras familias y comunidades, es la capacitación de cada uno en particular y el desarrollo del país en sentido general, correspondiendo a la sociedad en su conjunto procurar las alternativas y ejecutorias para la solución de los graves problemas nacionales.

Si en verdad deseamos una sociedad que salga de sus frustraciones y agobios, a fin de asegurarnos un presente más estable y un futuro más glorioso, debemos sincerizarnos para comprender nuestras reales pobrezas y limitaciones humanas, admitiendo con humildad que debemos caminar y aprender juntos, porque todos hemos fallado, unos por no haber aprendido bien la tarea de gobernar y dirigir, y otros, por no habernos preparado lo suficiente para ser luz y guía para orientar a los gobernantes.

Ysócrates Andrés Peña Reyes

Director General del Consejo Regional de Desarrollo (CRD),

Abogado y Politólogo. Email: crdnordeste@yahoo.es.-Tel. 809-244-5496