Por Johnny Arrendel

Parece que la sociedad dominicana ha perdido sensibilidad y combatividad ante la frecuencia tan alta de acontecimientos sujetos a sacudir la conciencia nacional.

De otra manera no se explica la pasividad con que la comunidad nacional recibe la información de que un oficial de la plana mayor de la Policía fue capaz de violar a una niña de una familia que por desgracia le había brindado confianza y amistad.

Es cierto que los medios de comunicación y la gente que participa en ellos a través de sondeos, teléfono o redes sociales, expresan su rabia y repudio ante esta barbaridad, pero en otros países por menos que eso se generaría hasta una poblada.

Por ejemplo en India, casos recientes de violaciones de jóvenes, adolescentes y niñas han desatado protestas violentas en las calles, mientras organizaciones exigen la renuncia del jefe de policía.

Se acusa al teniente coronel de que violó a la niña de sólo 11 años en el barrio el Manguito, y luego tuvo el descaro de intentar subsanar su horrendo crimen con prebendas a los padres.

Si bien es cierto que la Policía desató inmediatamente la búsqueda del violador, quien luego se entregó, la sociedad debería exigir acciones más contundentes para garantizar la honorabilidad del cuerpo del orden y de sus integrantes.

Igualmente, la República Dominicana deja pasar como quien ve llover la reinstalación de un diputado ex convicto por abuso sexual a otra menor.

La Cámara de Diputados, uno de los hemiciclos consagrados a hacer las leyes que rigen la nación, se atrevió a devolver la condición de diputado a un sujeto que acaba de cumplir condena por seducir a una jovencita de Dajabón, provincia que representa.

Mucha gente pensaba que tras una condena tan vergonzosa, este señor no tendría cara para volver a su curul, y que muchos menos encontraría la solidaridad y tolerancia de sus colegas.

Se recuerda el caso de un diputado por Santo Domingo Este, que admitió antes los medios de comunicación que sostuvo relaciones sexuales y embarazó a una jovencita de apenas 16 años, a quien acosó y conquistó tras conocerla en una actividad política.

Luego de verse obligado a abandonar sus aspiraciones a seguir como diputado, este señor impulsó la candidatura de su esposa legítima, de quien logró fuera elegida diputada.