Por Dr. Ysócrates Andrés Peña Reyes*

Se cuenta que Confucio, el gran Legislador chino, se encontraba triste en su humilde lecho de muerte rodeado de algunos de sus discípulos, entonces tuvo una visión espiritual, contempló el rostro de su Maestro Lao Tse sonriente, y se dice que, luego de esa visión, Confucio aprendió esta última lección de su Maestro: hasta en el momento de la muerte se puede ser feliz y sonreír. Y se cuenta que Confucio, el ilustre Legislador, murió en un humilde lecho, rodeado de sus más cercanos discípulos, y con una sonrisa en su rostro.

En torno a la muerte giran todas las culturas y organizaciones sociales. Así, su concepción de la muerte como fin o como tránsito, su creencia en una vida después de la muerte, están entre los tantos elementos que inciden como condicionantes para la actuación de los individuos en un sentido u otro.

Asimismo, la idea de inmortalidad y la creencia en el "más allá" aparecen de una forma u otra en prácticamente todas las sociedades y momentos históricos, por haber necesitado los seres humanos creer en ello como cláusula de cierre que otorgue real sentido a su existencia.

En este mismo orden, la existencia de la vida ultraterrena ha quedado bajo el arbitrio y decisión de cada ser humano, en el marco de los conceptos dados por su sociedad, es decir la decisión de creer o no creer y en qué creer exactamente.

Es por esto que el tipo de muerte más importante para el ser humano es sin lugar a dudas la propia, teniendo por consecuencia un cúmulo de interrogantes las reflexiones resultantes de este evento final.

En primera instancia nos preocupa saber, ¿cómo puede ser determinado el momento exacto de una defunción?, lo cual resulta importante por innumerables motivos, entre ellos: conocer con certeza el instante de una muerte sirve, entre otras cosas, para asegurar que el testamento del difunto será únicamente aplicado tras su muerte, y en general guiarnos con respecto a cuándo actuar apropiadamente ante una persona difunta.

Históricamente los intentos por definir el momento preciso de la muerte han sido problemáticos. Antiguamente se definía la muerte como el momento en que cesan los latidos del corazón y la respiración, pero el desarrollo de las técnicas de resucitación cardiopulmonar ha desafiado estos conceptos. Actualmente es posible reiniciar el latido del corazón y la respiración una vez detenidos.

Hoy en día, cuando es precisa una definición del momento de la muerte se suele recurrir a la "muerte cerebral" o "muerte biológica", por la cual se considera difunta una persona cuando cesa la actividad eléctrica en el cerebro. Se cree entonces que el cese de actividad eléctrica significa el fin de la conciencia.

Todas estas inquietudes humanas con respecto a la muerte han jugado un rol esencial en la fe del hombre y la mujer, un ejemplo de esto es lo que nos enseñan especialmente las iglesias que profesan la fe cristiana, que tras nuestra vida terrenal existe realmente una mejor, que nos la ofrece Dios, quien es la fuente real que sustenta la esperanza que surge tras la muerte de nuestros seres amados o ante la conciencia de la muerte propia, como gratificación a las acciones positivas en que debemos soportar nuestra existencia.

Son muchas más las preguntas y las reflexiones que continúan hoy en día como parte de nuestro sentir y discernir, como las que se refieren qué ocurre al espíritu, conciencia o alma de un ser humano tras su muerte; y además, en torno a la existencia de la vida después de la muerte, pero todas tienen por centro y explicación razonable que un ser superior guía nuestra vida y nuestro destino, el cual nos da señales claras a cada momento, para que nos involucremos en el nacimiento de una sociedad mundial en que la impere el amor, la paz y la confraternidad, para así ser merecedores de ser llamados a formar parte de un nuevo mundo : El de la Vida Eterna.

Ysócrates Andrés Peña Reyes*

Es el Director General del Consejo Regional de Desarrollo (CRD),

Abogado y Politólogo. Tel. 809-244.5496 y Email: crdnordeste@yahoo.es