Frei Betto

Nada más bucólico que la sencilla chimenea que brota sencillamente de la Capilla Sixtina. Es una paradoja ante toda esa parafernalia electrónica y avanzada tecnología del mundo actual.

Hoy día todos los artefactos de comunicación (radio, tv, teléfono, ipad, tableta, ordenador...) se vuelven obsoletos y descartables en un corto período de tiempo. Excepto la chimenea del Vaticano. Ella permanece en su lugar como centinela perenne a la espera de que los cardenales se reúnan para elegir a un nuevo papa. Entonces ella, literalmente, renace de las cenizas.

En este mundo en que las noticias son transmitidas en tiempo real y las distancias son rápidamente acortadas, la chimenea del Vaticano perdura como el más inusitado señalizador de una importante noticia: la votación para elegir al jefe de la más antigua y estable institución de la historia de Occidente, la Iglesia Católica.

Si el pontificado dura 26 años, como el de Juan Pablo 2°, la chimenea permanece inactiva, apenas perceptible por los millones de fieles que anualmente visitan la plaza de San Pedro. En 1978, sin embargo, fue encendida dos veces: en la elección de Juan Pablo I, en agosto, y en la de Juan Pablo 2°, en octubre.

Por la chimenea del Vaticano es transmitido al mundo, de forma discreta y silenciosa, el resultado de cada votación del cónclave. Sólo un poco de humo. Que si es negro es señal de que ninguno de los cardenales obtuvo los dos tercios de los votos. Y si es blanco es señal de que ha sido elegido un nuevo papa.

En este universo de múltiples recursos de comunicación -¡hasta en las varillas de los anteojos!- es difícil encontrar un paralelo a la chimenea del Vaticano. La elección de un nuevo pontífice no es anunciada ni por el portavoz del Vaticano ni por un cardenal de la Curia Romana, no nos llega por el gran titular de la primera página de L´Osservatore Romano ni por una edición extraordinaria de Radio Vaticana.

Es anunciada por la sencilla humareda que al poco se diluye en el aire. Su color es resultado de la quema de las papeletas de papel de las votaciones, mezcladas con un producto químico que garantiza el blanco que simboliza la paz, el mismo color de la paloma que, en el arca de Noé, anunció el fin del diluvio universal, y de las vestiduras papales.

Esperemos a la humareda blanca.

Frei Betto es escritor, autor de "El amor fecunda el Universo. Ecología y espiritualidad", junto con Marcelo Barros, entre otros libros.

www.freibetto.org/ twitter:@freibetto.

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Traducción de J.L.Burguet