Ahora que el TSE ha reiterado la nulidad de la consideración de renunciantes a importantes dirigentes de ese coloso dormido que es el PRSC, y ordenado su reintegración revestida de plenos derechos; se impone iniciar la reingeniería del partido para que este pueda asumir las responsabilidades que le corresponden dentro de la sociedad dominicana. Y para aprovechar las oportunidades que nuevamente le brindan las desafortunadas gestiones gubernamentales observadas en los últimos años caracterizadas, hasta el pasado 16 de agosto, por la connivencia y la complicidad inter-partidarias a costa de la eficacia y eficiencia social y económica de nuestra democracia.

Esta reingeniería, debería estar, obviamente, inspirada en la doctrina y praxis propugnada por el arquitecto del reformismo dominicano, Joaquín Balaguer, mediante sus discursos y ejecutorias coherentes que pudieran resumirse, para la ocasión, en la consigna que titulamos ésta declaración.

Ha de comenzar con la completa y sincera reconciliación entre reformistas para que el PRSC pueda recuperar, incuestionablemente, su papel de partido mayoritario al margen de los regateos en torno a la barrera del 5% en que ha oscilado en los últimos años. Una reconciliación que requiere despojarse de la mezquindad propia de la mediocridad que ha solido invadir el posicionamiento de personeros ligados a la administración del PRSC.

Ha de continuar con el llamado a la formación de una mancomunidad reformista socialcristiana que reagrupen a dirigentes y organizaciones que habiendo abrazado éstas concepciones doctrinarias y programáticas han formado tienda aparte por la falta de confianza transmitida por la cúpula de nuestro partido o se han desprendido de la organización matriz hasta dispersarse cual diáspora partidaria dentro de nuestro sistema político.

Y ha de concluir con la convocatoria a todos los dominicanos de buena voluntad, a todos los reformistas de corazón como reza el himno del PRSC - a todos despojados de intereses personales, inspirados en la satisfacción del interés colectivo de la nación, en la consecución del bien común e inscritos en la conducción de la cosa pública mediante procesos graduales, pacíficos y moderados - para integrar una fuerza política capaz de equilibrar nuestro sistema de partidos y brindarle a los dominicanos alternativas genuinamente democráticas a la que la alternabilidad en el ejercicio del poder le es consustancial.

Esa reingeniería del reformismo ha de asumir un rol cooperante para que la presente gestión gubernamental traduzca eficaz y efectivamente las buenas intenciones mostradas, por lo cual el pueblo dominicano ha otorgado un alto grado de aprobación, a través de una oposición constructiva: criticando errores, haciendo propuestas y apoyando aciertos. O mediante una oposición concertada, permisiva que reformistas ocupen posiciones en el tren administrativo quedando la organización en libertad de criticar, proponer o apoyar, siempre en forma compatible con la doctrina enarbolada y la experiencia practicada.

Así se podrá despertar el "coloso dormido" aludido por Balaguer cuando convocó a "despertar y salir a las calles con las banderas desplegadas" para cumplir satisfactoriamente con "la cita que el reformismo tiene con nuestra historia".